Ya no me siento a gusto en este mundo (2017): Hasta los hue*** de la gente

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Ya no me siento a gusto en este mundo – I don’t feel at home in this world anymore

¿Quién no se ha sentido algo resentido con sus congéneres humanos? ¿Quién no ha pensado que hay un pequeño porcentaje de personas que si no estuvieran ahí todo iría mejor? ¿Quién no se ha lamentado cada vez que  ha visto una cagada de perro en la acera, que el político de turno ha sido acusado de corrupción o que cierto compañero de trabajo admita sin pudor que durante San Juan se ha dedicado a tirar petardos a los gatos callejeros? Seguro que vosotr@s tenéis vuestros ejemplos particulares también. Pues con todos esos ánimos (sic) proyecté mis esperanzas en un título tan sugerente como Ya no me siento a gusto en este mundo. Tenía ganas de verme reflejado en Ruth (Melanie Lynskey) y hacer algo que nunca de los jamases me atrevería a hacer: vengarme de la sociedad, pero en plan literal. Con tan altas y viscerales expectativas era normal que la primera película de Macon Blair, ganadora en Sundance, me decepcionara. Y lo hizo. Un poco.

Porque, seamos sinceros: solo los primeros veinte-treinta minutos van de eso. Luego el mensaje de fondo, el de que los seres humanos son estúpidos y que hay un demasiado elevado porcentaje de personas que solo están ahí para molestar con su sola presencia, se va diluyendo poco a poco hasta terminar en una película que intenta imitar el cine de Tarantino. El problema es que la moraleja se simplifica en exceso después de la  primera visita a la mansión, reduciendo un mensaje complejo e interesante, al menos en su planteamiento inicial, a algo simple y carente de doble fondo, tal como: no hagas lo que no te gusta que te hagan a ti. Ni más ni menos. Cualquier posibilidad de abordar la hipersensibilidad de la protagonista, el hecho real de que hay mucha gente que estorba y que hay que lidiar con ello, todo eso, acaba diluyéndose irremediablemente.

El final, aunque interesante (Spoiler: Ruth no consigue cambiar nada), es algo descafeinado. Uno siente que el objetivo de la película no debería haber sido el de enfrentarse a una panda de tarados, sino el de enfrentarse a la sociedad; porque los antagonistas de Ya no me siento a gusto en este mundo son antagonistas que uno no sabe muy bien qué pintan ahí. Son tres desequilibrados que para nada simbolizan la quimérica lucha que se prevé inicialmente por parte de Ruth; hubiese sido más lógico enfrentarse a representantes de lo que más odia y no simples locos de estar por casa.

A todo esto, la labor tras las cámaras es notable, la fotografía es buena y tenemos a un elenco que no está nada mal, en especial Melanie Lynskey, que es una gran actriz. Y hay dos o tres momentos que arrancan más de una risa. El tema de fondo es interesante, aunque no se aborde con toda la profundidad que hubiese sido deseable.

Nota: 6

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