X-Men: Apocalipsis (2016): Tiro al arco

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El chiste de “El retorno del jedi” aplícatelo tú Singer, que esta es la más floja de las tres

Me aburro.

Me aburro.

Me aburro.

Me aburro.

Al principio pensaba hacer una crítica vanguardista y teclear quince veces esta frase, la de me aburro, pero he pensado que sería una chorrada y que tengo que dar una explicación a la decepción que ha supuesto para mí X-Men: Apocalipsis. Primera Generación era interesante, sin ser la hostia, y Días del futuro pasado me encantó y pasó automáticamente a ser una de mis películas favoritas del género. Así que con semejante currículum esperaba que X-Men: Apocalipsis fuera mucho más de lo que al final ha sido.

Todo radica en que los blockbusters de ahora empiezan todos a estar cortados por el mismo patrón:

Primeros 2/3 de aburrimiento  + 1/3 de acción y efectos especiales hacia el final, por este orden.  Pero ojo, ese tercio final de acción no significa que llegue lo bueno, pero te gusta porque acabas de tragarte un tocho indigerible. Estos blockbusters suelen tener una par o tres de escenas interesantes en toda la película, generalmente esas que salen en el tráiler, las que están realmente bien y que hicieron que movieras el culo y te acercases al cine. Todo lo demás es relleno, es girar alrededor de las mismas ideas, escenas y conversaciones y temas de siempre. En El Capitán América: Civil War era la escena del aeropuerto, en Jurassic World el enfrentamiento entre el Indominus Rex y cierto dinosaurio, en Terminator Génesis el trozo del puente y en la película que nos ocupa, el clímax final y la escena de Quick Silver (que es, de largo, lo más brillante de toda la película y, me atrevo a decir, de todo lo que he visto de X-Men). El problema: que es algo insuficiente en películas que pasan de las dos horas de duración.

El 90% de los blockbusters son así y X-Men: Apocalipsis no se distancia ni un ápice de ello. La primera hora y media, o siendo más precisos, todo lo que ocurre antes de que Apocalipsis se meta a reconstruir su El Cairo, y sin tener en cuenta la escena de Quick Silver, es un soberano peñazo, como lo fueron todas las idas y venidas antes de que se den de hostias los dos bandos de los Vengadores; una falta de ideas que se traduce en personajes que van de aquí para allá sin hacer nada tangible, nada realmente importante para que la trama avance, todo cuajado de escenas penosas cogidas por los pelos que pretenden en cinco minutos hacer cambiar a algún personaje de opinión para justificar el siguiente giro (como la trama de Magneto, que es de risa por lo trillada, apresurada  y cómica que es).

El tema aquí vuelve a ser, por enésima vez, el mismo: mutantes pacíficos contra mutantes que creen que deberían gobernar el mundo, desplazar a los humanos y ocupar su lugar en los estamentos mundiales. Lo hemos visto en todas y cada una de las películas de X-Men anteriores, del mismo modo que en el Capitán América veíamos las mismas diatribas que habían empezado a gestarse como en tres o cuatro películas antes. La diferencia es que, por raro que parezca, ese tema recurrente en X-Men aún es capaz de generar un mínimo interés. Que no mucho.

Y luego vienen las incoherencias y los agujeros de guion. ¿En serio Apocalipsis se despierta porque la tía se olvida de tapar con una alfombra el agujero? ¿En todos estos años nadie la ha cagado de esa manera? ¿Cómo sabían que no podían iluminar el sitio? Más tarde: ¿Qué hacía la niña en el bosque con los polis? ¿Entró un poli en la habitación y se la llevó a escondidas? ¿O la niña se fue a dar una vuelta y se los encontró por ahí? Por cierto: ¿A santo de qué Quick Silver es el hijo de Magneto? ¿Cuándo se enteró? Está claro que no en “Días del futuro pasado”, cuando le ayuda a escaparse. Y, ¿a qué viene la trama de Stricker y Lobezno? Se nota, y mucho, que solo servía para preparar el terreno para la próxima película de la saga y todo eso solo hace que ahondar en la idea de que el guion de X-Men: Apocalipsis simplemente es una ida y venida de personajes. Siguiendo en la línea de las incoherencias: ¿Apocalipsis no se rodeaba de los mutantes más fuertes? Tormenta está desaparecida en combate, con el potencial que tiene su poder, Mariposa Mental hace lo que puede, y el de las alas es un contrincante que, aunque lo da todo, no es ni de lejos uno de los mutantes más poderosos. El único que está a la altura de ser uno de los cuatro jinetes es Magneto, de largo. Entonces: ¿por qué eligió esos? Yo tengo la respuesta: porque al guionista le daba miedo que machacasen demasiado a los buenos.

Pero, ¿qué es lo que la hace mejor que otras propuestas, pero sin tirar cohetes? Pues que la acción llega antes y el clímax final, sin ser la hostia, entretiene mucho más que el de “Capitán América: Civil War” (entiéndase que la comparo con esta no por polemizar, sino por proximidad de estrenos); los personajes, vete tú a saber por qué, me son más entrañables que los de las demás franquicias de Marvel, porque me caen todos bien, incluso Scott, que pensaba que nunca llegaría a caerme bien después de haber visto el interpretado por James Marsden. Además, cuando X-Men: Apocalipsis arranca (repito: como a una hora y media de haber empezado), ya no te suelta hasta el final.

Nota: 5 (casi 6)

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