Veredicto final (1982): Lo valioso que es hacer lo correcto

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Actúa como si tuvieras fe y la fe nacerá en ti

No sé si os ha pasado, pero a veces das con un director que resulta que es una mina. Ves sus películas una detrás de otra y te fascina la de joyas que tiene en su haber. Hace mucho tiempo vi 12 hombres sin piedad y quedé fascinado, pero por un motivo u otro nunca me había molestado en seguir la trayectoria de su director, Sidney Lumet, hasta que vi, por casualidad y sin saber que era de él, Antes que el diablo sepa que has muerto, que me pareció que tenía un buen arranque pero que poco a poco te iba adentrando en el sopor más absoluto. Y no fue hasta hace poco, en un ímpetu por descubrir clásicos del cine, que vi Tarde de perros. Me gustó, no tanto como 12 hombres sin piedad, pero me gustó. Poco después vi la película que nos ocupa, Veredicto final, y volví a quedar fascinado y, hará unos días, vi Asesinato en el Orient Express y, aunque recuerdo que el sabor de boca que me dejó el libro fue infinitamente superior, no deja de ser una buena película.

Veredicto final es una joya de cabo a rabo y la clave del éxito gira alrededor de Frank Galvin (Paul Newman), su personaje y lo interesante que es el tema que quiere tratar Lumet aquí: que el ser honesto no te lleva muy lejos. Vamos, que de la honestidad nadie hace carrera. Si quieres ocupar las mejores posiciones en el ramo que sea, en este caso la abogacía, tendrás que prostituirte y transformarte en un hijodeputa desalmado. Lumet parece empeñado en mostrarnos que hay terrenos que nos serán vedados para aquellos que seamos incapaces de enriquecernos de la miseria ajena. Tendrás que desprenderte de todos tus ideales, ideales que solo tienen cabida en tu cabeza, y dejar a un lado lo que es correcto, porque de otro modo, ya no solo no vas a despegar nunca, sino que no van a dejar que lo hagas. Te van a perseguir, te van a poner al límite y van a hacer de tu vida un infierno. Porque la maquinaria del sistema elimina esa gente buena de corazón, generosa e incorrupta. Al menos cuando hay mucho dinero de por medio.

Y en esas se encuentra Galvin, un abogado venido a menos porque hará tiempo le quiso llevar la contraria al jefe de su bufete y se lo hicieron pagar con creces, y que ahora se limita a beber y a vender sus servicios en funerales. Está hundido y ya todo le importa un comino, porque ha jugado la partida de la vida (simbolizado excelentemente a través del pinball) y ha salido derrotado. Hasta que le cae en las manos un caso aparentemente sencillo, un caso en el que le pagarán una buena suma para que los demandados no vayan a juicio, para que no se hable mucho de él y en el que necesitan la complicidad de un tipo codicioso para llevarlo a buen puerto. Creen que van a poder manejarlo, que es un corrupto como los demás, que hará lo que haga falta por ganarse unos cuantos miles de dólares. Y en un principio Galvin está dispuesto a ello. Pero en Veredicto final Lumet te enseña que solo hace falta pasar un rato con una de esas víctimas, ponerte en su lugar ni que sea un rato y tener la suficiente capacidad para empatizar con los demás para no convertirte en un monstruo. Y es entonces que la bondad, la honestidad, el sentido de la justicia, en definitiva, todo lo bueno que el sistema había conseguido enterrar en lo más hondo de Galvin, hasta el punto de olvidarse de ello, que vuelve a salir a flote y Newman se convierte en el hueso más duro de roer que pudieran imaginar. Para mí, eso es un héroe como la copa de un pino.

Nota: 9

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