Un monstruo viene a verme (2016): No tengo un corazón de hielo

crítica cine un monstruo viene a verme cinérgicos

La primera historia deberían contársela a todos los niños, para que no crecieran tan en plan blanco y negro como están creciendo

Hoy vengo a desmitificar. Pero antes de que los proBayona se echen a mi yugular, deciros antes que tengo un largo currículo como llorón, que soy de los que no se esconden cuando una película le llega al corazón y le hace saltar la lagrimilla (solo una, ojo), que no soy un tipo con un corazón de hielo y que incluso ansío encontrar películas con las que emocionarme y llorar. Soy de los que lloran cada vez que ven Forrest Gump, La milla verde o Una historia verdadera, para que os hagáis una idea.

Habiendo dejado claro que para nada estoy esculpido en hielo, que lloro como el que más, Un monstruo viene a verme no me ha arrancado ni una sola lágrima, ni me ha recorrido ese escalofrío que siento habitualmente cuando algo me conmueve, ni se me han humedecido los ojos siquiera. Un monstruo viene a verme tiene momentos tristes, no lo negaré, pero es incapaz de generar ningún sentimiento espontáneo. Bayona lo intenta, repetidamente, mostrándonos escenas del niño enrabietado, de la madre languideciendo, pero sin alcanzar la trascendencia y la poesía necesarias para atravesar un corazón no esculpido en piedra como el mío, como creo haber dejado claro con anterioridad. Bayona busca la lágrima fácil, no es sensible sino sensiblero, y por mucha madre tumbada en una cama es incapaz de que llegue a sentir nada por ella porque no se trabaja suficiente la relación madre-hijo para que eso te conmueva.

Un monstruo viene a verme es una propuesta interesante por otros motivos y casi exclusivamente por dos aspectos: por el guion, estructurado a través de las historias que cuenta el monstruo, que mantiene enganchado al espectador que quiere conocer cuál será el siguiente paso del monstruo y qué se esconde detrás de lo que quiere enseñarle al niño, y los efectos especiales. Ni las actuaciones son especialmente memorables ni lo que nos quiere contar Ness tampoco, que detrás de tanto monstruo y enseñanza, se esconde algo muy sencillo: cómo gestionar el dolor ante la muerte inminente de un ser querido. Cuando uno termina de escuchar las historias del monstruo, sin embargo, le invade la sensación de que eran simples artificios para mantener al espectador atento, porque poco tienen que ver al final la historia del príncipe o del boticario con la enseñanza final sobre el dolor del ser querido.

Conclusión: película interesante, menos profunda de lo que uno espera durante los primeros compases, que busca emocionar a toda costa aunque no lo consiga (al menos a mí), pero que gracias a un buen guion y algunos temas interesantes la convierten en una propuesta a tener en cuenta.

Nota: 6

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.