Silencio (2016): Dos visiones radicalmente opuestas

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Silencio – Silence

Me he quedado un poco pillado cuando he visto que, a día de hoy, Silencio solo tiene un 6,3 de nota media en FA. Cuando es un peliculón como la copa de un pino y una muestra más de lo versátil que puede llegar a ser Scorsese. No puedo evitar pensar en lo parecida que es a El renacido en cuanto a extensión y ritmo, y la exagerada acogida que tuvo esta y lo tibias que están siendo las valoraciones de Silencio, cuando el reciente trabajo de Scorsese gana al de Iñárritu por goleada en ambas cosas (y en muchas otras). Incomprensible.

La historia de Silencio es la historia del choque entre dos visiones radicalmente opuestas del cristianismo en una época donde este empezó a ser perseguido y castigado a base de bien en tierras japonesas. Muchas críticas sostienen que Silencio es una lucha entre budismo y cristianismo, cuando esto no es así en absoluto. Es una lucha entre el cristianismo entendido como una herramienta política capaz de poner en peligro la soberanía japonesa (el punto de vista de los terratenientes y políticos japoneses, que por encima de la religión y sus creencias son patriotas) y el cristianismo en su esencia más pura, sin ánimo de nada más que de dar apoyo a las personas que creen en lo mismo que uno (el punto de vista de los dos jesuitas protagonistas). Dos maneras de enfocar el cristianismo, totalmente opuestas e irremediablemente condenadas a no entenderse; y como los que mandan son los del primer grupo, que tienen miedo de que el cristianismo se convierta en una herramienta de las potencias extranjeras para atentar contra su país, vemos como estos son capaces de cualquier atrocidad con tal de darles una lección a los padres y sus feligreses. Punto. En ningún momento Inoue (encarnado fantásticamente por Issei Ogata) dice que el budismo sea mejor que el cristianismo; a él solo le interesa doblegar a los sacerdotes, destruir su fe, que apostaten y, sobretodo, que con ello den ejemplo a los feligreses, porque creen que de ese modo morirá la fe cuando vean que los sacerdotes la abandonan. Durante dos horas y cuarenta minutos vemos, pues, como es torturado espiritualmente el padre Rodrígues con todo tipo de estratagemas, desde contemplar ejecuciones frías y salvajes hasta recibir testimonios de otros sacerdotes que sí han apostatado, con el único objetivo de demostrar que sus creencias solo reportan dolor a los demás, que él es la fuente de ese dolor; mientras, a la vez, él mismo se cuestiona su fe continuamente.

Andrew Garfield, como ya demostró en Hasta el último hombre, nos ofrece un papelón de agárrate, y los secundarios también están a la altura, en especial Issei Ogata y Tadanobu Asano, escalofriantes, y Liam Neeson, que tiene un papel breve pero crucial. La fotografía, la ausencia de BSO, el manejo de la cámara y el magnífico pulso narrativo que hacen que una película tan larga no decaiga son varios de los puntos a favor de, me atrevo a decir, una de las mejores películas de Scorsese.

Como es obvio, Silencio no es una película apta para todo el mundo. Al que no le interese el tema que explora, la tildará de aburrida, de que acusa una falta de ritmo preocupante, pero nada más lejos de la realidad. Es una película que se toma su tiempo para contarnos las diferentes fases de la destrucción de la fe de un cristiano.

Nota: 9

Anécdota: ¿Qué pintaba ese matrimonio sexagenario que se pasó la mitad de la película comentando en voz alta lo evidente, riéndose de la manera de hablar de cierto personaje japonés y la otra mitad del tiempo roncando? ¿Y el quinqui con su choni que no paraba de revolverse en su butaca y hacer el tonto? ¿Qué es lo que les motivó a escoger Silencio? Vaya usted a saber.

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