Serpico (1973): Una lección de honradez e integridad como la copa de un pino

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“Nunca hemos tenido un tío tan raro como tú”

Podría decir muchas cosas de Serpico, pero hay una historia que ejemplifica muy bien de qué va. En cierto momento de la película, una de las parejas de Serpico le cuenta a Frank una historia sobre una bruja que un buen día envenena el pozo de una comunidad. Todos los aldeanos beben de él menos el rey y al poco enloquecen y empiezan a señalar al rey como el único loco entre todos. Al día siguiente, el rey baja al pueblo, bebe agua del pozo y entonces todos se felicitan porque el loco por fin ha entrado en razón. Me parece una historia magnífica y que ilustra muy bien lo que implica ser honrado cuando todos los demás no lo son. Lumet sabe transmitir muy bien la angustia que conlleva el querer hacer el bien y ser perseguido por ello y Pacino hace lo propio con un Frank que es pura impotencia. Porque es muy complicado mantener unos ideales y ser consecuente con ellos, pero lo es más que los demás se miren a sí mismos y decidan que actúan mal; es más sencillo culpar al que actúa distinto, demonizarlo y marcarlo como si fuera él el que actúa fuera de la ley. A todo esto, esta película es magnífica porque no se anda con florituras ni artificios, ni Lumet se recrea en escenas de acción ficticias, porque lo que ves es lo que hay. Es tan útil y necesaria porque no solamente trata de la corrupción policial crónica, sino de la corrupción de la sociedad, porque no nos engañemos, esto no ocurre tan solo en el seno policial; podríamos extrapolarlo a cualquier otra situación y, me atrevo, a cualquier tiempo pasado y presente.

¿Tiene defectos Serpico? Solo un par. Primero, que está hecha para que Al Pacino se luzca. Eso no es malo, porque Pacino está muy bien, pero los demás secundarios quedan algo desdibujados porque van y vienen y no se profundiza demasiado en ninguno. Y luego están las escenas de pareja como refresco de lo que le ocurre a Serpico en el plano laboral, que como ya he dicho, solo sirven de refresco y con el objetivo de mostrar lo que le está costando a Serpico mantener esa actitud a nivel personal. Actitudes conyugales que rayan el tópico, que no molestan, pero que ya están muy vistas.

Dos defectos mínimos para una película necesaria, de obligado visionado, y que confirman a Lumet como uno de los directores de cine más sólidos que he tenido el placer de ver.

Nota: 8

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