Requisitos para ser una persona normal (2015): Requisitos algo desiguales

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Yo quiero una María de las Montañas. Y con katana.

La idea de que para encajar hay que cumplir una serie de estereotipos y que si no te ajustas a ellos eres el raro es muy común y ha sido plasmada, con mayor o menor acierto, en muchas películas anteriores. También el encontrar nuestro lugar en el mundo y el buscar un modo de ser felices encontrándonos a nosotros mismos es un tema bastante recurrente en la historia del cine. Cierto es que no son los mensajes más innovadores del mundo, pero de un tiempo a esta parte es difícil encontrar nuevos temas e historias sobre las que hablar sin ser redundante. Lo importante es, pues, ser capaz de ofrecer la misma historia y tratar los mismos temas de siempre solo que cuidando e innovando la forma en la que estos son presentados. Es por eso que historias como la de la trilogía de Antes del… de Richard Linklater o películas como 500 días juntos son excelentes películas sobre las relaciones humanas y, en concreto, de las de pareja. Porque la manera de contar la historia es diferente de lo habitual. Y, en este sentido, Leticia Dolera ha conseguido configurar un estilo propio y la mayor parte del tiempo distinto del producto medio. De este modo, el juego que dan las listas de requisitos y cómo Dolera las va aplicando para los diferentes personajes raya lo sublime en varias ocasiones, siendo el recurso innovador que diferencia este producto de otros. Porque si algo es Requisitos para ser una persona normal es ser una película –en muchas ocasiones– original.

Además, si uno deja a un lado todas las tramas secundarias, que son muy aburridas y no pintan mucho en la historia, la relación entre María de las Montañas (Leticia Dolera) y Borja (Manuel Burque), aunque es harto previsible, es muy entrañable y te ríes mucho casi en cada situación en la que se encuentra la pareja protagonista. Dolera ha dado en las teclas adecuadas para que no se caiga en el romanticismo más empachoso y todo fluya adecuadamente, sin tener la sensación de que esos mismos gags y situaciones ya los habías visto antes. Hay muchísimos momentos destacables del film, pero yo me quedaría con la archiconocida escena del horno holandés o cómo María revienta la clase de gin-tonics.

Lo que no acaba de encajar en Requisitos para ser una persona normal es que tengas que meter a Carmen Machi sí o sí en la historia, porque no pinta absolutamente nada, simplemente para darle el tirón comercial que le falta a la película. Las partes de la madre tampoco funcionan, ni el conflicto entrevisto de los maltratos del difunto padre y cómo les ha marcado eso a ambas no genera mucho interés, porque tiene tan pocos minutos que resulta algo atropellado. En su lugar quería ver a María y Borja en pantalla, verlos en más situaciones, y ver más sobre su entrenamiento mutuo. En ningún momento me cansaba de verles juntos. Tampoco pinta nada la historia del hermano con síndrome de Down (ojo, no digo que él no pinte nada, sino toda su parte), que también entorpece el ritmo. No dudo de las buenas intenciones de Dolera introduciendo a un colectivo tan alejado de las pantallas, pero el objeto principal de la historia es seguir a la pareja protagonista, no la del hermano. Da la sensación de que Dolera no estaba muy segura de si la historia principal entre María y Borja iba a funcionar por sí sola todo el tiempo, e intentó introducir todas esas historias paralelas y ser innovadora con ellas para darle más empaque al conjunto, pero el resultado ha sido que estas acaban empañando una historia central que hubiese funcionado mucho mejor por sí sola.

Nota: 6 (de esos agradables)

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