Outlander (2008): Vamos a ganarlo usando hasta los pedos, ya verás

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Y osan, en el cartel, usar El señor de los anillos como referencia…¡Impíos!

De vez en cuando aparecen una serie de películas mediocres tirando a malillas que, por un motivo u otro, son reivindicadas por un grupo de filmaffiniteros: se esgrimen motivos de lo más variopintos, pero todos ellos con el objetivo de transmitir el siguiente mensaje: “a ver, para qué la ves si sabes que no te va a gustar”, como si ahora uno tuviera que valorar positivamente una película -que es una castaña, no nos engañemos- solo por el hecho de que uno no debía tener muchas expectativas puestas en ella, como si el culpable fuera servidor por haberla visto pensando que sería buena (qué digo, me conformaba con pasable) y al final le hubiese decepcionado (porque, repito, es una castaña). Y ojo, defiendo a todos aquellos que esgrimen otro tipo de motivos para defenderlas, motivos basados en otras características del filme y no centrados en “no la puntúes mal si sabías que no iba a ser excelente”. Y Outlander, la película que nos ocupa, es una de ellas.

Dicho esto, poco más tengo que decir. En Outlander hay actuaciones ramplonas, efectos especiales cutrecillos que no van a envejecer bien (el bicho no se ve apenas para que no se note esa falta de recursos), argumento a priori muy interesante pero igualmente desaprovechado y que en otras manos más expertas hubiese derivado en algo muchísimo más épico de lo que acaba siendo. BSO de relleno y un guion más previsible que qué te lean la mano. Esas cosillas sin importancia para ese sector de la crítica que mencionaba antes.

Solo hay un par de cosas que la salvan. Que la premisa es interesante, como ya he dicho, y lo cumple con lo básico para no cambiar de canal. Y lo segundo es una escena que me pareció brutal (aunque la tengo algo difuminada): un tipo religioso, un predicador, o lo que fuera el equivalente vikingo de la época, que va a “convencer” al monstruo de lo divino que es y acaba, obviamente, en el corral de los quietos. Impagable.

Nota: 3

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