Oldboy (2003): Sin corsés

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Ríe, y el mundo entero reirá contigo. Llora, y llorarás solo.

Yo cuando veo Oldboy pienso siempre en todos esos temas que no se tocan, al menos no habitualmente en las películas occidentales, o que si se tocan no los he visto aún (porque uno a veces habla como si lo hubiese visto todo). Hay algunos temas escabrosos, delicados, etc., que directamente ya no los ves en pantalla porque, supongo, (no sé quiénes) piensan que es mejor no dar ideas a la gente o porque son tabúes que, si no los muestro, creo que no ocurren o no ocurrirán. Como cuando “podaron” Gangster Squad porque había una escena que recordaba la masacre que perpetró un tipo en un cine mientras se proyectaba Batman. La leyenda renace, como si una cosa tuviera que ver con la otra. A partir de aquí hay spoilers. Pues bien, cuando veo Oldboy veo incesto y corrupción moral, veo cómo Park Chan-wook le da la vuelta al esquema clásico de la venganza como arma legítima del que cree que es víctima de una ofensa, cuando nunca nos hemos parado a pensar en nuestros propios actos y en que, por la misma regla de tres, tendríamos que ser víctimas de variopintas venganzas. Hay incesto, como ya he dicho, pero no de refilón, sino de lleno, y nos sumerge en ese personaje tan bien trazado que es Lee Woo-jin, un malvado que poco a poco deja de serlo tanto, con el que incluso somos capaces de encontrar cierta empatía, y en Oh Dae-su, que deja de ser la víctima de una injusticia y se transforma en el objeto de una venganza. Aquí el incesto tiene un sabor a tragedia griega, a Sófocles, a no tener miedo en representárnoslo en todas sus facetas, en alejarnos del simple abjuramento de este hecho y analizarlo con todos sus matices.

La única cosa que puede achacársele es que uno tiene que hacer ciertas concesiones a un guion algo forzado para que el giro final cuadre (que tengan que hipnotizarlos para forzar ese enamoramiento entre padre e hija), pero aquello que en otra película sería más denostable, Chan-wook lo compensa con un poderío visual impresionante, un duelo protagónico simplemente excelente (Choi Min-sik, el actor que interpreta a Oh Dae-su, demuestra una versatilidad encomiable) y un tratamiento temático que hace que el guion acabe siendo una mera excusa para el viaje que nos propone.

Nota: 8

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