Noche loca (2010): El divorcio es para pecadores

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Porque Steve Carell es un actor como la copa de un pino, que sino esto sería como ir a hacer un pino (ja, ja)

A veces no sé muy bien cómo alargar esto para que llegue a las trescientas palabras mínimas que son necesarias para que el artículo se posicione en los buscadores y bla bla bla, pero es que a veces no hacen falta tantas palabras para hablar de una película. Es independiente de si te ha gustado o no; simplemente que a veces no tienes mucho que decir sobre algo. Y esto es más o menos lo que me ocurre la mitad de las veces que me siento a escribir sobre la última película que he visto; y Noche loca es una de estas películas.

Porque pese a que Steve Carell y Tina Fey y algunos secundarios como James Franco, Mila Kunis o William Fichtner te hacen reír, pese a que hay gags acertados y con los que es imposible no soltar una carcajada, el conjunto es irregular, más o menos lo que ocurre en este segmento de comedias para pasar el rato y sin mucha enjundia. De hecho, mi primer impulso hubiese sido el de al menos aprobarla con un cinquillo, pero el conjunto es tan inocuo e intrascendente que es imposible hacerlo. Hay escenas sobadísimas y que quizás te hicieron gracia la primera vez que las viste hará quince años, pero que ya no son capaces de arrancarle una sonrisa a nadie, como la persecución en coche o las escenas en las que aparece Mark Wahlberg sin camiseta, donde lo único que hace gracia son los comentarios irónicos que va haciendo Steve Carell. Y entre tanto esa especie de moralina en pro del matrimonio que tanto abunda en productos intrascendentes como este, donde se les ve el plumero nada más llegar, y que arruinan cualquier cosa que pudiera parecer mínimamente transgresora u original.

En fin, que ya he llegado al mínimo de trescientas palabras. Ahí lo dejo.

Nota: 4

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