El muñeco de nieve (2017): Cagarla es más fácil de lo que parece

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El muñeco de nieve – The Snowman

A veces tendemos a menospreciar una buena retahíla de películas que en muchas ocasiones, por muy simplonas, faltas de ideas o refritos que sean, tienen un par o tres de cosas salvables a destacar. Y no nos damos cuenta que incluso en esas películas siguen habiendo personas que le han dedicado cientos de horas de sus vidas para tirarlas adelante. Con todo esto quiero decir que hasta la más simplona de las películas entraña su dificultad. Y con El muñeco de nieve uno se da cuenta, además, que cagarla es mucho más fácil de lo que parece, aun teniéndolo todo a tu favor.

Porque tienes a Fassbender y a un buen elenco de secundarios totalmente desaprovechados. Porque tienes una localización muy bien fotografiada que podría transmitir mucho más de lo que acaba transmitiendo. Porque tienes unos personajes que podrían dar de sí pero que están muy mal dibujados, manifiestamente incoherentes la mayor parte del tiempo y a los que les tienes que poner mucho de tu parte para que resulten mínimamente comprensibles. Porque tienes un guion que gira alrededor de escenas inconexas que se suceden una detrás de otra porque sí. Y, aun siendo inconexa, el producto resultante es torpe, simplón y predecible hasta el sonrojo. Se ve a la legua quien es el malo, quién no lo es, quién parece que va a serlo durante dos escenas para más tarde aparecer muerto cuando los protagonistas miran para otro lado; quién va a morir, quién no y cuando va a hacerlo. Quién dirá qué y en qué momentos va a descubrir X personaje X cosa, qué oculta tal otro y cuándo se revelará. Es obvia y predecible incluso cuando uno se da cuenta que hay cientos de cortes aquí y allá que entorpecen la comprensión absoluta de los detalles de la trama; esas escenas que harían que todos los errores anteriormente mencionados no fueran tales.

El muñeco de nieve también es una película fallida porque no hay ningún tema de fondo que articule la película: no se le puede extraer nada. Tenemos a un malo histriónico que mata de una forma totalmente aparatosa basado en un trauma fútil; tenemos a un protagonista que vagabundea y que es un desastre en lo personal pero en el que no se ahonda nunca demasiado como para comprenderlo; tenemos a una policía vengativa que te da igual porque su historia personal está muy mal contada, a destiempo. No se puede hacer lectura alguna de la nada más absoluta.

Alfredson dijo hará poco que no le dejaron rodar todo lo que hubiera querido. Se nota, y mucho.

Nota: 2

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