Movida del 76 (1993): Como ver pasear a la muchedumbre

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Pues mi último día de clase fue un desayuno con los compañeros y los profes en el instituto…

Hay películas en las que más que preguntarte si es buena o mala, hay que preguntarse si conecta o no contigo para entender la valoración que haces de ella. Ocurre pocas veces, pero ocurre. He visto Movida del 76 y no sé si me ha gustado o no, ni si es buena o mala; de verdad, ni puta idea, hablando mal. Me ha entretenido, que no es poco, pero lo único que sé es que en ningún momento he conseguido conectar con ella y que la he estado viendo desde una distancia muy lejana.

Los actores, pues bueno, los hay de buenos (pocos. Por ejemplo: McConaughey), los hay de solventes, los hay de malillos y los hay que son una mierda (véase Wiley Wiggins). Es lo que tiene trabajar con desconocidos. La música, pues de la buena de aquella época. El argumento, perdido en combate. El guion, trillado hasta decir basta pero –parece- con la intención de radiografiar, no de rodar la misma tontería de adolescentes americanos de botellón. El ritmo, pues el adecuado. La he visto, pero en piloto automático todo el tiempo.

El problema -que tengo yo-  con Movida del 76, pues, radica en la particular juventud americana que analiza. Mi juventud no guarda prácticamente ninguna similitud con la que se proyecta en pantalla; no sé si es que viví mi adolescencia desde el autismo más profundo y no me daba cuenta de nada o porque al ser de esos que nunca salen de fiesta era imposible que me metiese en esos fregados. Ni idea, de verdad. La cuestión es que yo no he vivido nada de eso, así que me es casi imposible identificarme ni que sea con uno de los tipos sociales que quiere retratar. Quizás sería del grupito de la pelirroja, ese en el que va Goldberg, i de esos tres sería como el rubito. Pero ni eso: nunca me hubiese molestado en ir a la fiesta del final. Pero más allá de eso, yo no he vivido ni visto novatadas como esas, ni locales como los que visitan los personajes, ni nada de eso. Así que he visto la película desde la distancia, como el que se sienta en un banco y ve pasar a la gente; puede ser hasta entretenido, pero es imposible sentir nada verdadero  y auténtico con lo que ves.

¿Qué rescataría de Movida del 76? Supongo que algo que vuelve a decir mucho de mí: las diatribas de Goldberg y sus dos amigos y poco más. Es, pues, una película por y para el público norteamericano, con el que seguro conectará.

Nota: 5 (por poner algo)

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