Mientras seamos jóvenes (2014): ¡Ni que llegados a los 40 se acabara el mundo!

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Mientras seamos jóvenes – While we’re young

Mientras seamos jóvenes trata dos cosas muy interesantes (que no tratadas de forma especialmente interesante o no al menos durante la mayor parte del tiempo): la clásica crisis de los 40, donde la pareja protagonista empieza a negarse a sí misma el hecho de que quizás llegue un punto en el que deba renunciar a ciertas cosas, y el dilema que subyace entre verdad y ficción en el campo del cine documental.

Lo primero, lo de la crisis de los 40, está llevado con suficiente solvencia, aunque ni resulte especialmente inspirado ni ofrezca nada que no supiéramos ya. Es difícil, imagino, admitir que quizás no nos quede tanto tiempo en este mundo como creíamos y que es probable que debamos seleccionar qué es lo que queremos para nuestra vida y descartar lo que ya no es factible; en definitiva, aceptar la idea que los retos en cada etapa de la vida son distintos y que hay que pasar página aunque no hayamos hecho todo lo que pensábamos que íbamos hacer cuando teníamos 20. Hay escenas cómicas que funcionan, diálogos inspirados y los detalles habituales en el cine de Baumbach, pero hay momentos que se tiende a la simplificación (como creer que todos los jóvenes son como la pareja que forman Driver y Seyfried) y, como ya he dicho más arriba, Mientras seamos jóvenes no ofrece nada que no hayan tratado con más acierto anteriormente otros directores o escritores.

Y luego está el debate sobre hasta qué punto deben ser auténticos los documentales, hasta qué punto deben contener suficiente ficción como para atraer a un público que quizás no existiría si solo ofrecieran –aburrida– realidad. Pero más allá de esto, y lo que hace realmente interesante el enfoque de Baumbach, es planteado con el siguiente dilema: ¿debemos escandalizarnos sobre la dudosa realidad que ofrecen según qué producciones que se catalogan a sí mismas como documentales? ¿Hay que darle tanta importancia a la autenticidad de lo que se cuenta? ¿Qué es más importante: atraer al público u ofrecer un contenido 100% auténtico? Este tema solo cobra sentido –de forma algo abrupta– durante los últimos 20-25 minutos, pero son los mejores minutos de toda la cinta, porque el debate es interesante, original y huye de lo maniqueo. Aquí es donde Baumbach destierra su cinta de la más absoluta normalidad y alcanza cotas verdaderamente interesantes.

Nota: 6

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