Midnight Special (2016): Nichols se da contra un canto

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– ¿Cómo concibieron un niño como ese? – …

Jeff Nichols es un buen director. Es de esos que no me cansaba de recomendar, porque Shotgun Stories y Take Shelter son buenísimas, pero a medida que va avanzando su filmografía empiezo a no tener muy claro si es tan genio como creía. Mud estaba bien, pero tenía un problema: que había subtramas que no valían nada, que era demasiado larga para lo que se nos contaba y el último acto, que debía ser trepidante y emotivo, era excesivamente light y convencional. Pensé: todo el mundo puede tropezar, no te desilusiones porque una de sus películas no sea tan brillante como esperabas. Pero es que Nichols con Midnight Special no solo tropieza, sino que se cae de bruces contra el suelo y se da de cabeza contra un canto.

A partir de aquí hay spoilers.

El fallo descomunal de esta película, lo que hace que Midnight Special fracase, es que es IMPOSIBLE empatizar con ninguno de los protagonistas. Te la suda si el niño consigue o no llegar dónde los seres de luz, porque no ves ninguna relación paternofilial, maternofilial o de amistad entre los personajes que haga que ese personaje sea especial y que el conseguir su meta se transforme en algo doloroso y emotivo. Todos los personajes están demasiado contenidos; los personajes son rostros pétreos que no expresan ninguna emoción. Es imposible ponerse en el lugar del padre, de la madre, del amigo o del niño. Por ejemplo: cuando la madre asiste a la despedida, asiste casi impertérrita, en lugar de romper a llorar y desgarrarse de dolor porque su hijo se irá para no volver nunca de ese otro mundo. Y me extraña viniendo de Jeff Nichols, que sabía imprimirle emotividad a sus personajes en las excelentes Shotgun Stories y Take Shelter (en Mud ya empezaba a declinar, pero también).

Además, el guion de Midnight Special es de esos a los que le tendrían que haber dado un par de vueltas más. No sabes muy bien por qué el niño tiene que viajar de noche y con las gafas puestas cuando a veces va sin ellas y, en cierto punto de la película, parece ser que sí puede viajar de día y sin gafas; de hecho, se le ve más saludable y empieza a curarse. ¿Por qué no lo hacían antes? Tampoco se puede esgrimir el motivo de que optan por esta salida porque está enfermando: se nos cuenta que lleva toda la vida viviendo de noche y durmiendo de día. Entonces, ¿por qué empieza a enfermar ahora? Ni idea. Por otro lado, toda la parte del rancho y del FBI y de la NSA es de risa; está bien que haya una serie de individuos que pongan palos en las ruedas a los protagonistas, que los persigan, pero centrarse demasiado en ellos acaba provocando que la historia se tome demasiado en serio a sí misma.

Luego está el hecho de que no hay apenas diálogos, que hay muchos momentos vacíos dónde nadie dice nada y dónde iría bien una conversación que dotara de trasfondo a esos personajes. Los efectos especiales cantan en según qué escenas, cuando son directamente innecesarios para la historia intimista que se nos está contando, y la BSO de Wingo, que por lo general se ajusta como un guante en sus anteriores obras, aquí solo funciona a ratos con un par de temas excelentes.

¿Y por qué no le casco un uno a Midnight Special y santas pascuas? Porque tiene aciertos parciales que funcionan, a saber: Nichols sabe manejar la cámara como pocos, la fotografía es excelente, ese par de temas de la BSO que comentaba antes consiguen imprimirle una atmósfera conmovedora a algo que no lo es apenas y la primera media hora de película tiene su qué. Siempre es un placer ver a Shannon, Edgerton y Dunst en la misma película (aunque no se luzcan demasiado ni sean los papeles de sus vidas) y el final, pese a todo, cumple. Lo suficiente para un aprobado muy muy raspado.

Nota: 5 (pero de esos en plan 4,9)

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