Manchester frente al mar (2016): Heridas abiertas

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Manchester frente al mar – Manchester by the sea

Si algo tengo asumido con tanto cine made in Hollywood es que cuando veo a un personaje que ha sufrido una pérdida, tengo la impresión que toda la trama transcurrirá de la siguiente forma: dicho personaje pasará unos cuantos baches malos, se juntará con alguien que también tiene que soportar lo suyo, pero juntos se apoyarán y conseguirán resarcirse cuáles aves fénix. Este suele ser el esquema por el que apuestan, a ojo de buen cubero, el 70% de las películas que he visto. [A partir de ahora hay spoilers.] En Manchester frente al mar Kenneth Lonergan apuesta por una opción que no suele explorarse tanto: que nuestro personaje no sea capaz de superarlo. Porque, ¿quién se recupera de algo tan traumático como lo que le ocurrió a Lee (Casey Affleck)? ¿Quién es capaz de volver donde ocurrió tremenda desgracia y poner buena cara? ¿Quién es capaz de pasear tranquilamente por las calles de ese pueblo a riesgo de darse de bruces con el pasado? Lee tiene ahora una segunda oportunidad, con su sobrino, pero lo que no parece entender el espectador es que Lee es una persona al borde del suicidio, una persona acabada, alguien que no puede dejar a un lado la pesada losa que arrastra y hacerse cargo de alguien si ni siquiera puede perdonarse a sí mismo. Poco a poco, a medida que los días pasan, vemos un atisbo para la esperanza: es muy posible que Lee no vaya a ser nunca más el que fue, puede que no se recupere, puede ser que nunca más pise Manchester, pero quizás sí pueda volver a experimentar algo positivo al lado de su nueva familia, evadirse momentáneamente de ese pasado que le tortura, y volver a vivir.

La actuación de Affleck es contenida, exactamente lo que le pide el personaje, pero es Michelle Williams quién pone la guinda al pastel; es sorprendente porque apenas aparece en todo el metraje, pero protagoniza la escena más emotiva y desgarradora de toda la película, una escena que pone los pelos de punta y que contribuye, sobretodo, a perfilarnos mejor el trasfondo de Lee. El montaje es otro de los puntos fuertes de Manchester frente al mar, alternando a la perfección secuencias del presente y del pasado para trazar la historia de Lee. El guion, además, está pulidísimo: todos los detalles se van desplegando poco a poco, a su debido tiempo, sin intromisiones artificiosas que nos den mascados los hechos que los personajes esconden o que expliquen lo que las imágenes sugieren.

Lo único que se le puede achacar a Manchester frente al mar es que resulta algo inexplicable que la muerte del hermano mayor de Lee sea tan secundaria, que sea un mcguffin para desarrollar la historia personal de Lee. En ciertos momentos uno echa en falta que Lonergan no se acerque lo suficiente a dicha figura y explote algo más la relación entre los dos hermanos. Por otro lado, algunos quizás esgriman que Lonergan peca de excesiva frialdad, cuando apuesta claramente por una historia sin concesiones, real, sin ningún giro ni nada gratuito que la aleje del realismo que quiere imprimirle a la propuesta.

Nota: 8

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