Mad Max: Furia en la carretera (2015): Va a ser un día muy largo

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No sé porqué pero las letras de arriba del todo me hacen pensar en Disney

Es extraño, pero yo no suelo ir al cine a ver la misma película dos veces. Ni cuatro. Lo hago tres veces. Si me ha gustado, está claro. Me pasó con Interstellar y Gravity. Las dos las vi primero con una amiga, luego con mi hermano y luego con mis padres. Películas tan buenas como esas y tan espectaculares hay que verlas más de una vez en el cine, que es donde se crecen. Con Mad Max: Furia en la carretera igual. La vi con mi hermano; luego pensé que mis padres no debían perdérsela y volví a verla con ellos. Y luego otra vez con mi hermano, pero esta vez en VOSE, porque soy un cinéfilo tiquismiquis.

¿Por qué fui a verla tres veces?

Porque es espectacular. Porque Mad Max es un frenesí adrenalínico de los que ya no se ruedan. Porque me absorbió, me tuvo pegado en la butaca olvidándome hasta del que tenía al lado. Porque es de esas pocas películas en las que mientras va corriendo el metraje me voy diciendo a mí mismo que aún queda película por delante, para motivarme, y que cuando ya ha acabado me siento entre muy satisfecho y triste. Es un orgasmo de acción desenfrenada, de lo mejorcito que he visto de acción en mucho tiempo. George Miller no se esconde y nos lo enseña todo, no como la mayoría de películas de acción, que o transcurren de noche o hay giros de cámara que impiden verlo todo bien, o son tremendamente breves, para que no se note que no han invertido en coreografías de lucha o en efectos especiales creíbles. Hacía tiempo que no me dejaba llevar por una locura así, sin mensaje ni moraleja de fondo, solo diversión y espectacularidad por el simple objeto de entretener. Los tiempos, además, están muy bien medidos; pese a que cada poco hay una escena de acción que evita que la –nula- historia se encalle y nos aburramos, estamos ante un aparato de tensión que va escalando in crescendo hasta una larga escena de acción épica sin parangón.

Cuando uno ve la última de Mad Max sabe que Miller no se ha dejado nada en el tintero en cuanto a ambientación se refiere, que lo ha dado todo, que nos ha ofrecido hasta la última idea que le quedaba en la cabeza. Es un derroche de imaginación y originalidad en todos los sentidos, desde el archiconocido guitarrista hasta los tipos de las pértigas, pasando por cada uno de los vehículos transformados en máquinas de guerra. Es auténtica, creadora de un mundo propio tremendamente rico pero que apenas vislumbramos. El reparto es acertado, con un Tom Hardy que le va como anillo al dedo el personaje, una Charlize Theron correcta y un interesante Nicholas Hoult. La BSO es impresionante, que se ajusta como un guante a todo lo demás, con temas tan poderosos como “Storm Is Coming”, “Survive” o “Walhalla Awaits”.

Vamos, que parece mentira echando la vista atrás, con una primera entrega tan pobre y nefasta y una tercera que no promete mucho; por suerte, Miller se decantó por repetir el esquema de la segunda película, la mejor de la trilogía original con diferencia, y elevarlo a la enésima potencia.

Nota: 9 (para que digan que castigo injustamente a los blockbusters)

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