Lost River (2014): Órale

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Se parece a Lynch lo que un huevo a una castaña señor@s crític@s

Después de darle muchas vueltas a cómo abordar esta crítica y enfocar lo que ha significado para mí Lost River, no he encontrado manera alguna más sintética que la que un usuario anónimo de Facebook expresó en un comentario y que reproduzco a continuación: “Es de esas pelis que no sabes si es buena o es mala y al final te gusta y dices órale”. A lo largo de la crítica voy a matizar esta frase, pero, en resumen, Lost River es de esas películas que te mantienen pegado a la butaca y mientras la ves no te pones a pensar si tiene sentido o no o si es buena o mala.

Porque si alguien te preguntase de qué va Lost River o qué significa la película, en resumen, qué quería contarnos Ryan Gosling con toda esta sucesión de escenas, pues como que no sabrías muy bien qué decir. De hecho, si un amigo te preguntase de qué va, no sabrías muy bien por dónde empezar. ¿Le dices que va de un chico que recoge cobre en una ciudad cada vez más abandonada? ¿De una madre que va a perder su casa y tiene que degradarse para salvarla? Digamos que la cosa es mucho más profunda que eso, pero, a la vez, cuando uno ve Lost River le embarga la sensación de que Gosling no consigue trascender, que es falsamente profunda, como si no hubiese conseguido alcanzar esa complejidad a la que nos tiene acostumbrados David Lynch y sus oníricas propuestas. Y cito a Lynch porque quizás se le aproxime en esa ausencia de coherencia o esa dificultad para hallar coherencia en sus relatos, en esa capacidad para que el espectador ponga de su propia parte para armar el puzle, y no porque estemos ante una historia enrevesada donde realidad y ficción y sueños se confundan en una mezcolanza difícil de desentrañar. No es el caso de Lost River, que en su intrigante falta de explicaciones, es sencillísima. Tampoco es que Lost River no deje entrever algunos temas interesantes: Gosling está empeñado en mostrarnos una América en estado de descomposición, una ciudad fantasma víctima del desarrollo y la crisis económica, donde ya no imperan las leyes sino la más absoluta brutalidad y corrupción moral, y lo consigue de sobras.

Pese a esa falta de enjundia, es una película que se deja ver, entretenida, llena de imágenes bellísimas y unas actuaciones notables. Apenas hay un guion que sostenga todo ese conjunto de imágenes ni una verdadera sensación de haber estado viendo algo trascendental, pero lo que ves te importa y te mantiene lo suficientemente pegado a la butaca como para que la hora y media que dura se esfume rápidamente.

Nota: 6

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