Los archivos del Pentágono (2017): ¿Existe la libertad de prensa?

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Los archivos del Pentágono – The Post

Hay películas que o bien son imperfectas o bien no resaltan en muchos aspectos pero son especiales porque en un aspecto determinado son especialmente valiosas, interesantes o porque nos interpelan con algo que es de candente actualidad. No es exactamente el caso de Los archivos del Pentágono pero se le aproxima: tiene grandes actuaciones, la fotografía está muy cuidada con esos tonos tan apagados, tenemos a Spielberg tras las cámaras, que ya es mucho, dándole aquello que solo sabe darle él a todo lo que hace y en lo que no voy a recrearme. Sin embargo, Los archivos del Pentágono no brilla en todos esos aspectos, o no brilla tanto como otros proyectos de Spielberg, porque Spielberg nos tiene muy mal acostumbrados. Pero está de notable, que ya es más de lo que muchos conseguirán nunca.

Así pues, donde Los archivos del Pentágono brilla es en plantear el dilema que subyace detrás de todo, un dilema universal, ya sea en 1977 o en 2017: ¿cómo los medios van a ser capaces de ser críticos con la mano que les da de comer? ¿Cómo los medios pueden ser manifiestamente objetivos cuando tengan que destapar algo que vaya en contra del político, empresario o magnate de turno que los mantiene directa o indirectamente, ya sea a nivel económico o gracias a sus influencias? ¿Cómo van a ser capaces de denunciarles cuando en muchos casos les une, además de una relación de poder, de amistad? ¿Cómo denunciar al presidente de los Estados Unidos cuando vas cada verano a Camp David a pasar unas semanas con él?

¿Y cómo sale Los archivos del Pentágono de todo este fregado? Sorprendentemente airosa. No vamos a encontrar un nivel de denuncia como el que encontraríamos en The Wire, por poner un ejemplo, pero Spielberg es capaz de perfilar perfectamente contra qué nos estamos enfrentando en nuestro momento presente, mucho peor que el que sacudió a los directivos de The Washington Post en aquel momento: que si en aquel momento tuvieron las suficientes agallas (dudando muchísimo, como Spielberg plasma) como para ponerse en contra de Nixon, en la actualidad la cosa no está tan clara con unos medios a merced de los intereses empresariales y de partido. Y Spielberg anima a que la prensa plante cara, que es lo que debería hacer en un mundo ideal. Es un mensaje algo ingenuo y sencillo, pero no por ello desechable.

Nota: 7

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