El lobo de Wall Street (2013): Retrato ácido y terrible de la sociedad

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El lobo de Wall Street – The wolf of Wall Street

La primera vez que vi El lobo de Wall Street me quedé más o menos con estas ideas:

  1. Que vaya hijos de p*** son los tipos que habitan Wall Street;
  2. Que no había reído tanto en mi vida como con los dislates de DiCaprio y su troupe;
  3. Y que me había parecido algo larga y reiterativa. Le sobraban treinta minutos bien buenos.

Más o menos se podría resumir así mi primer visionado. A propósito del programa de Todopoderosos dedicado a Martin Scorsese (que os recomiendo encarecidamente) me entró el gusanillo de volver a verla. Esta segunda vez la experiencia fue totalmente distinta: no me reí en absoluto, entendí que lo que nos estaba contando Scorsese no se circunscribía exclusivamente al mundo de Wall Street y que esta película era una radiografía precisa y terrible sobre cómo se comporta la sociedad. Todo podría resumirse en ese final espantoso: esa audiencia expectante, deseosa de ser como Belfort, incapaz de ver que están adoptando como modelo de héroe alguien que ha engañado y ha estafado a manos llenas durante años. Lo preocupante de la sociedad en la que vivimos es que los referentes, los modelos a seguir, son tipos como este; nadie quiere ser el agente del FBI que se limita a hacer lo correcto. Es el aguafiestas al que le espera una existencia aburrida y sin todos esos lujos que solo pueden obtenerse, generalmente, robando. Como ya se abordaba en Quiz Show. El dilema de Redford, ¿quién está dispuesto a ser honrado? El camino del honrado es terrible, porque solo ganará aquello que se trabaje (algo irrisorio para el que no lo es) y, generalmente, solo será reconocido positivamente, en la mayoría de casos, por sus seres más allegados. Es muy posible que ser honrado no le haga rico ni le permita estar rodeado de chicas semidesnudas mientras desayuna caviar en su yate; en la mayoría de ocasiones, tendrá que volver a casa en metro mientras sueña algo mejor.

Dejando a un lado todo esto, El lobo de Wall Street es una película magnífica para conocer cómo se comporta la tribu de Wall Street y qué piensa y cómo ve al resto de los mortales. DiCaprio está sensacional, Hill y Chandler también y esta ocasión he tenido la impresión de que no sobraba ni un solo minuto de metraje. Imprescindible.

Nota: 9

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