La visita (2015): El lancero de M. Night Shyamalan

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¡Ostras, qué horno más sucio!

Yo creo que M.Night Shyamalan debería pagarme un tanto cada vez que saca una nueva película. Siempre tengo que salir a romper una lanza por él y a este paso me voy a convertir en su escudero oficial. Con El incidente (2008) dejé de hablarme con algunos cinéfilos que tenía en un pedestal cuando empezaron a despotricar de ella, con lo que me gustó a mí. Era puro Shyamalan, aunque muchos quisieran negarlo. Más adelante tendría que defenderle a capa y espada con After Earth (2013), que vale, que era flojilla, pero no el bodrio que todos decían que era (aunque aún me queda grabado a fuego el bochorno que pasé con lo de la fantasmación). Con Airbender, el último guerrero (2010) simplemente me mantuve al margen y no dije nada, cuando debería haberle echado la bronca por semejante bodrio. Y mejor no hablar del episodio piloto de Wayward Pines (2015), que parecía que estaba dirigido por cualquiera menos por él. Y ahora le toca el turno a La visita (2015). He leído cada cosa por ahí que me siento obligado a salir de mi retiro y darlo todo por Shyamalan. Aunque esta vez me he quedado algo sorprendido: la crítica ha respondido bastante bien a la película, hasta han llegado a decir que el cineasta ha vuelto después de su retiro y todas esas frases floridas. En cambio, las críticas más mordaces las he encontrado en la blogosfera y en los espectadores. Haré lo mismo que ya hice con After Earth, pero esta vez también citaré a otros amigos cinéfilos. Espero que no se molesten al meterlos en semejante desaguisado. Y no hace falta decir que se me habrá colado algún que otro spoiler.

Argumentos en contra que he ido recopilando en contra de ella (básicamente, estos tres):

“ (…) los jóvenes Olivia DeJonge y Ed Oxenbould nunca llegan a conectar con el espectador, siendo ella la que aguanta el tipo durante bastante tiempo y él, llegando a resultar incómodo” (GRIJANDER, usuario de Filmaffinity)

Uno de los valores seguros que uno puede encontrar en cualquier obra del hindú es lo bien tratado que está el concepto de familia. Y esta vez no es distinto. La pareja protagonista está impecable, aunque a muchos les parece que no. Son entrañables, graciosos a ratos y consiguen transmitirlo perfectamente. Tenemos a dos hermanos heridos por la separación de sus padres, cada uno con sus traumas, pero sin incidir demasiado en ello para no caer en los tópicos. Poco a poco los van resolviendo, a su manera, y me quedo con la evolución del hermano pequeño: los placajes del final contra el “abuelo” recuerdan al “batea fuerte” de Señales (2002), cuando desbloquea aquel recuerdo que lo mantuvo paralizado, aquel recuerdo que hizo que inconscientemente se montase una muralla para que el abandono de su padre no hiciese mella en él. No sé, a mí me parece que están bien construidos y el puntillo gracioso del niño no me ha molestado. Todo lo contrario.

“Consigue que estemos con el corazón en un puño en varias ocasiones pero con recursos y escenas tan tópicas en el género y tan recurrentes en los últimos años que nos hace pensar que Shyamalan no ha querido arriesgar prácticamente en nada”  (RUDY, de Motel Purgatorio. Su crítica, aquí)

¿Cuántas películas optan por el mismo esquema y las continuamos alabando? ¿Cuántas películas recurren a lo mismo y no por ello son inferiores? La cuestión es que continúen entreteniendo, interesando o mantenernos con el corazón en un puño, aunque siga esquemas muy manidos. Quizás sea porque  no soy muy asiduo del género, pero a mí no me hizo pensar que Shyamalan tiraba por lo sencillo. Y, ojo, es un género (intuyo) tan explotado que debe costar encontrar margen de maniobra para sorprender. Algo así me ocurrió con Expediente Warren: The Conjuring (2013) , aunque nadie pareció criticarlo entonces; no vimos nada que no hubiésemos visto antes, pero estaba bien rodada y supo mantener al espectador pegado a la butaca, que ya es mucho.

 “(…) aunque su enigma central esté muy cogido por los pelos y no sea tan efectista como cabría esperar” (JAVI, de Cine de Patio. Su crítica, aquí)

Vale que el giro de guion del último tercio esté cogido un poco con pinzas, pero de ahí hay un trecho cuando lo califican de estúpido e inverosímil (Javi no lo hace). Vale que parece increíble que la madre no les diese una foto de sus padres para que no se fueran con el primero que pasaba (aunque también es normal. Hace 15 años que no se hablan), pero tampoco es descabellado. A mí, sinceramente, me pilló desprevenido y me pareció un giro muy agradable y más ahora, que cuesta mucho pillarle a uno con la guardia baja.

Y ahora un argumento a favor que me parece que lo resume todo muy bien:

“Una propuesta juguetona, donde Shyamalan parece que se divierte, y nosotros con él, liberado de la extenuante necesidad de ser sublime a toda costa” (Salvador Llopart, Diario La Vanguardia)

Yo me he divertido y me he asustado a partes iguales con La visita. He salido satisfecho y con eso me conformo. Ojalá hubiese sido otra Señales, o hubiese estado en la línea de El bosque (2004) o El protegido (2000), pero no ha sido así. Pero eso no quita que sea una película solvente, entretenida y que te mantiene pegado a la butaca. Y con un reparto muy acertado y conservando algunos temas, como el de la familia, que suelen estar presentes en el cine del hindú. Al final resultará que hago como todos los demás, pero al revés. Cada vez que se estrena algo de Shyamalan, entro en la sala predispuesto a que me guste.

Nota: 7 (porque Shyamalan es mucho Shyamalan)

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