La playa de los ahogados (2015): Realismo modo mirar por la ventana

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Una cosa buena: con esta película te das cuenta de lo poco glamourosa que es España

Cuando te has pulido tantas películas de policías, crímenes, psicópatas, etc. ya no te la cuelan tan a menudo y, desgraciadamente, en La playa de los ahogados se huele a la legua quién es realmente el asesino, quién parece-que-lo-es-pero-no-lo-es, quien cuenta la verdad, quién no y tal y cual. Ya identificas los roles de los personajes incluso antes de que transcurran cinco minutos (este es el poli bueno, este el poli malo), cuáles serán las etapas de la investigación y en qué error pillarán al tipo en cuestión. ¿Es este un fallo como para suspender a La playa de los ahogados? No (por si solo).

Cuando una película no te sorprende en ningún sentido, es tan rutinaria y tan previsible, lo único en lo que se puede sostener es en que la factura sea impecable, la ambientación conseguida, los diálogos sean absorbentes y/o las actuaciones sean memorables; en definitiva, que te cuente lo mismo de siempre pero que lo haga atractivo e interesante. Ahí tenemos series como Broadchurch o la saga de películas Los casos del departamento Q, que cuentan la misma historia de siempre, ya sea el clásico whodunit o el típico caza al asesino, pero de una manera que te mantiene atrapado. Y es ahí dónde La playa de los ahogados vuelve a fracasar: la ambientación que Gerardo Herrero consigue generar es ramplona. Es como estar viendo a la policía local de tu pueblo dando vueltas de aquí para allá y ver a unos personajes que tienen la misma gracia que tus vecinos. Es muy loable que abogues por ciertas dosis de realismo, pero no hay que olvidar que estamos hablando de ficción y que hagas ficción realista no es sinónimo de grabar lo que ves cada día fuera de la pantalla. Porque para eso ya me asomo yo a la ventana.

Los planos son cutrecillos, las actuaciones rayan el insuficiente en muchas ocasiones y la puesta en escena deja mucho que desear (me hicieron mucha gracia dos detalles aparentemente insignificantes pero que dicen mucho de lo que estás viendo: el derrape del coche al llegar a la casa del ricachón, por innecesario y artificioso (me los imagino pasándoselo teta rodándolo); y el flashback falso donde te enseñan a un personaje que más adelante resultará ser inocente pero que el flashback te muestra como culpable (técnica típica del procedimental rancio, por otra parte).

En definitiva, estamos ante un caso sencillo que se sigue agradablemente aunque seas capaz de preverlo todo, que en manos de otro director (no hay que irse muy lejos: Alberto Rodríguez o Alejandro Amenábar, por poner dos ejemplos), con otro elenco más competente y con una ambientación mucho más conseguida hubiese sido mejor de lo que acaba siendo. Sin embargo, no estamos ante una película mala. Lo único que es capaz de generar La playa de los ahogados es indiferencia.

Nota: 4

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