La autopsia de Jane Doe (2016): Ya lo tengo. A media peli le pegaron un tiro al guionista

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La autopsia de Jane Doe – The autopsy of Jane Doe

De las cinco películas que conforman el ciclo Sitges Tour, ya he visto tres. La primera fue Somnia. Dentro de tus sueños, una película que en ningún momento sabía a qué estaba jugando; luego vino Melanie. The Girl With All the Gifts, que pronto reseñaré, pero que ya avanzo que en algunos aspectos es un soplo de aire fresco para el subgénero de los zombies infectados, pero que por otro lado sigue haciendo gala de los mismos errores que muchas de estas producciones; y luego vino La autopsia de Jane Doe, la peor de las tres. Aún tengo pendientes los platos fuertes, Train to Busan y Shin Godzilla, pero con semejante panorama pocas esperanzas me quedan ya.

Entrando en materia, podríamos decir que La autopsia de Jane Doe tiene…

…45 minutos interesantes, bien narrados, que desarrollan un misterio que te apetece descubrir. Cox y Hirsch están en su salsa, hecho que contribuye notablemente en dotar de verosimilitud la relación padre-hijo. La autopsia es muy solvente y es capaz de generar interés con tan solo un par de personajes teorizando sobre la causa de la muerte de la chica en cuestión y extrañándose cada vez más con los descubrimientos que van haciendo a medida que la van abriendo. No sabes qué puede ocurrir; sabes que algo sobrenatural está por venir, pero no sabes ni el cuándo ni el cómo.

…y luego 35 minutos de mierda. El coitus interruptus más bestial que he visto en mucho tiempo. Vienen unos 35 minutos de agárrate (spoilers): un ir y venir de la sala de autopsias al ascensor con escala en el despacho que no hay quien lo justifique. Ahora voy al ascensor para escaparme, ahora me escondo en el despacho, ahora voy a la sala de autopsias a ver qué pasa si la quemo, ahora otra vez al ascensor para escaparme, para luego querer volver a la sala porque ahora me apetece ponerme a investigar y resolver el misterio. Y de mientras cuatro sustos de esos tan típicos y arbitrarios; que si fantasmita que se dedica a zarandear y dejar marcas en el cuerpo pero que no te mata, que si cadáver que de golpe y porrazo se les cruza por delante para darles un susto. Los actores, antes cómodos, ahora no saben muy bien qué hacer (en especial Brian Cox, que está como pez fuera del agua); sus reacciones no van parejas a lo que se espera de una película de terror. La historia, que antes tenía un trazado bien calculado, ahora va a ninguna parte. Los giros son previsibles y absurdos, faltos de imaginación, denotando una falta de ideas preocupante. Planteamientos iniciales interesantes tirados al garete en esta segunda parte (los otros cadáveres, por ejemplo). Y luego vienen las teorías para explicar el fenómeno: deducciones hechas al tuntún, encadenadas una detrás de otra sin fundamento alguno. Ahora doblo de esta manera el trozo de tela y veo que pone algo sacado de la Biblia; ahora relaciono que tiene un tipo de tierra debajo de las uñas que solo se encuentra en el norte del país con que debe ser una bruja de la época esa en que las quemaban (¿?). Y así una detrás de otra.

Aún sigo perplejo por la gran acogida que ha tenido entre el público (ni más ni menos que el premio especial del público de esta pasada edición de Sitges) una película tan descompensada que arruina cualquier aspecto positivo que pudiera tener durante la primera mitad y solo hace que demostrar, como dice un compañero de Filmaffinity, que a los fans del terror todo les vale.

Nota: 3

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