Kingsman. Servicio secreto (2014): A Vaughn se le va la olla

Hoy me siento esquemático. Y muy spoiler. Así que allá va:

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Si os ha gustado esta, no dudéis en pasaros a “La cabaña en el bosque”

Lo bueno:

  • Kingsman. Servicio secreto no se deja guiar por (algunos) tópicos muy manidos del cine comercial. Vale que la historia esa del chico barriobajero que acaba convirtiéndose en el agente de la hostia la hemos visto muchas veces, pero al menos tiene la decencia de no tomarse demasiado en serio a sí misma y trata de saltarse esas partes que la harían caer en caminos ya transitados. El protagonista no se lía con su compañera de instrucción (raro, cuanto menos), el protagonista no es un pardillo integral al principio y, lo más importante, a Vaughn no le importa ser políticamente incorrecto.
  • Enlazando con el punto anterior, a Vaughn no le importa matar inocentes a cascoporro y de una manera harto frívola. No se corta en ningún momento y si hay que matar a los dirigentes mundiales, lo hace y punto, sin ningún ánimo de ensalzar ni perdonar la mezquindad de las clases políticas. Lo de la iglesia o lo de las cabezas explotando no tiene precio. Kingsman tiene ese punto de írsele la olla que no está nada mal. Me hizo pensar en ese final antológico de La cabaña en el bosque.
  • Colin Firth y Samuel L. Jackson lo bordan. Sobretodo el último, que parece que estos personajes extremados e histriónicos le van como anillo al dedo. Y sino echadle el ojo a “Django desencadenado” y veréis a qué me refiero (el mejor de la función, sin lugar a dudas). Taron Edgerton, sorprendentemente, lo hace bastante bien y no cae gordo en ningún momento. Cumple muy bien con su rol.
  • La acción. Acción bien rodada, que no oculta nada y es desenfreno puro y duro. Algo que se echa en falta en muchas producciones, que parecen muy interesadas en ocultarnos los movimientos y los golpes, para ocultar el poco presupuesto destinado a coreografías de luchas y golpes. Aquí hay sangre, puñales clavados en los ojos, pero sin caer en el gore. Me recuerda a Zack Snyder y su talento para rodar escenas de acción (El hombre de acero me parece increíble en este sentido). Quieren ocultar el bajo presupuesto, la cámara se vuelve loca y tienes que echarle mucha imaginación para ver las hostias y las coreografías.

Lo malo:

  • Hay muchos detalles cogidos con calzador. Como que el hijo del amigo de Firth que murió tenga un hijo qué, curiosamente, es todo un prodigio en un montón de cosas y que sirve para hacer lo mismo que hacía su padre. Esa especie de ley de los caracteres adquiridos de las películas me tira algo para atrás, la verdad. O que Caine, siendo uno de los malos, es raro que no vendiese a sus hombres o evitara que investigaran más y dejara que la investigación del malo fuese tan lejos. Simplemente ordenándoles que no investigaran más se hubiese acabado, ¿no?
  • Es algo previsible. O bastante. Es cierto que lo que ves entretiene, pero no dejas de anticipar todo lo que ocurrirá. Hay muchas escenas que ya sabía de antemano y que no llegaron a sorprenderme lo más mínimo. El truquillo de matar a Caine, quiénes serían los que pasarían la prueba para elegir al nuevo Kingsman e, incluso, todo lo relacionado con lo del perro. Lo que sí es agradable es ver que Colin Firth no resucita ni nada por el estilo hacia el final. Eso sí que no me lo esperaba.

Nota: 7 (con la mente abierta)

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