Julie (2016): Como si la hubieran ambientado en un bloque de pisos

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Julie

Cuando leo las críticas positivas de Julie en páginas como FA, tengo la impresión que cometen el error de valorarla casi exclusivamente por algo que poco o nada tiene que ver con la calidad intrínseca de la misma. Es muy loable que esta película se haya rodado haciendo uso de energías renovables, que se hayan gastado muy poco dinero en hacerla y toda la pesca, pero es un atributo que debería quedar totalmente excluido de la valoración de la misma. Y, por desgracia, hay críticas que se sustentan parcial o totalmente en este factor. Del mismo modo que al blockbuster de turno no lo suspendes o lo disfrutas menos porque haya emitido toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera, este tampoco debería ser el caso contrario. Valorar una película solo por lo sostenible que es le hace un flaco favor a la misma, porque leer críticas donde solo se ensalza eso me hace sospechar que hay muy poca cosa detrás de la película en sí para hablar a fondo de ella.

Después de este largo párrafo introductorio, y entrando de lleno ya en la valoración de Julie como una película más (como debiera ser), el primer largometraje de Alba González de Molina es un coñazo de aquí te espero. El ritmo es lento, tedioso y no sirve a ningún propósito más allá de alargar el chicle hasta lo indecible. No se aprovecha para generar un relato intimista en el que trabajar una serie de personajes; la mayoría son meras comparsas que pasan por ahí y que transitan por los estereotipos más sobados del género sin aportar ni siquiera un ápice de originalidad o frescura. Y tampoco ayuda que muchos de los secundarios sobreactúen (mención aparte merece Silvia Maya, la mejor con diferencia) o que la cámara se detenga demasiado en planos estáticos en los que no ocurre nada. La impresión general que tengo al terminar Julie es que he estado delante de una historia dirigida de forma rutinaria y contada sin nervio.

Sin embargo, no todo son errores. Hay escenas que denotan un buen saber hacer, sobre todo cuando los personajes hablan y cuentan algo interesante, o hacia el final, donde todo se precipita y las escenas se suceden abruptamente cuando Julie toma la decisión de irse de la ecoaldea. Es ahí donde González de Molina consigue combatir el sopor, pero ya es tarde para remontar casi hora y cuarto de la más absoluta languidez.

Y luego está la susodicha ecoaldea en la que transcurre toda la acción. Pareciera ser que este sería uno de los atractivos de la película, el conocer a fondo cómo se organiza una comunidad de este estilo y conocer todos sus entresijos a medida que transcurre el drama personal de sus personajes, pero nada más lejos de la realidad: podría haber sido ambientada en un bloque de pisos y se hubiera conseguido el mismo resultado. Uno no sabe muy bien cómo es la enseñanza en esa aldea, ni de donde sacan los alimentos, ni dónde hacen sus necesidades; si pretendías pasar tan por encima de la localización y sus características, simplemente no haber escogido dicho escenario.

Nota: 4

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