Hijos del Tercer Reich (2013): Culebrón de sobremesa para darle al coco

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El capítulo 1×03 es un claro ejemplo de que el mundo es un pañuelo

Algunos dirán que no hacía falta hacer una serie desde el punto de vista de los alemanes, que deberíamos ser lo suficientemente críticos como para darnos cuenta de que no hay malos ni buenos en las guerras, que es obvio que no todos los alemanes comulgaban con las ideas del führer, que si patatín patatán, pero lo quieras creer o no, la mayoría de las personas tienen un marco de visión muy limitado. Que si los refugiados deberían quedarse en sus países, que si está justificado bombardear ciudades en Siria por el tema del terrorismo, etc. Así que celebro intentos como este de arrojar luz, de hacer que personas no muy propensas a ver las cosas con perspectiva se den cuenta de que las cosas no son solo blanco o negro, que no hay malos y buenos en los conflictos que han tenido lugar, tienen lugar y tendrán lugar en este mundo. Quizás pertenezcas a esa minoría que nunca se creyó que todos los alemanes eran nazis que enviaban a judíos a campos de concentración o que piensa que todo lo malo que les ocurrió a los civiles alemanes no estuvo justificado, que es muy fácil decir que deberían haberse rebelado o haber manifestado su desacuerdo con las políticas nazis, y que por ende piensa que quizás no tuvieron alternativa, que estaban tan atados de pies y manos como cualquiera de nosotros hubiese estado en su lugar. Porque siempre es muy sencillo buscar culpables sin ponerse en la piel de los demás. Quizás seas uno de la minoría lúcida que no se deja influenciar por los tópicos y las historias sesgadas; entonces, Hijos del Tercer Reich no te descubrirá nada nuevo. Quizás llegues a creer que no merecía la pena que te recordaran algo que tú ya intuías desde siempre. Pero si exceptuamos a esta elite intelectual, es una serie que debería pasarse en todos los colegios, al menos para sembrar algo de conciencia crítica y eliminar la creencia muy arraigada en jóvenes –y adultos- de que el mundo se divide en buenos y malos y que no hay escalas de grises ni margen para las dobles lecturas.

El problema de Hijos del Tercer Reich es que, si dejas a un lado el fondo, el mensaje, la idea de que los alemanes también eran personas de carne y hueso y no todos eran malvados nazis que compartían a pies juntillas los ideales de Hitler, no es más que un telefilme de sobremesa del montón. Las historias personales, las que arman toda la serie, no pasan de drama bélico de segunda fila. Cualquiera que la compare con Hermanos de sangre no sabe muy bien lo que está diciendo. Hermanos de sangre, desde la óptica del otro bando, ganaba muchos enteros porque las historias personales que veías, más allá de la ideología y todo ese rollo, te importaban, porque eran personas de carne y hueso con sus problemas y sus alegrías, personas como tú o como yo empujadas a la guerra. Hijos del Tercer Reich es una película relevante por lo que significa, porque es necesaria, porque es capaz de destruir de un plumazo las opiniones sesgadas y maniqueas sobre la Segunda Guerra Mundial que pueda tener la mayoría de la gente, porque te enseña que hay que distanciarse un poco, incluso en historias tan violentas y horrores tan graves como los que se perpetraron en ese momento, que siempre hay que mirarse las cosas desde el lado del otro. Si excluimos todo eso, y aquí radica la diferencia que hace Hermanos de sangre una obra maestra, es que detrás de esos importantes mensajes no estás viendo otra cosa que el drama ficticio de cualquier película del montón sobre la segunda guerra mundial, un culebrón artificioso y falto de autenticidad.

Nota: 6

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