Hasta el último hombre (2016): De lo importante que es ser honesto con uno mismo

De lo importante que es ser honesto con uno mismo

Hasta el último hombre – Hacksaw Ridge

Normalmente no me gusta hacer preámbulos de este tipo, pero en este caso creo que es necesario un inciso a modo de prólogo para contextualizar la nueva película de Mel Gibson como director. Para valorar correctamente Hasta el último hombre tenemos que dejar a un lado nuestros prejuicios sobre ver una narración desde el punto de vista de un creyente e ignorar toda la mandanga referente a Mel Gibson como persona. Lo segundo no hace falta ni que lo explique y lo primero es simple: el personaje cree en Dios en una época donde esto no es nada extraño. Lo raro, lo que no me creería por nada del mundo, sería una historia ambientada en el pasado donde todos fueran ateos, no creyesen en Dios y la iglesia estuviese desprestigiada. Eso sí sería presentista.

Dicho esto, es posible que algunos vean en Hasta el último hombre una historia demasiado convencional sobre la figura del héroe (sobre todo durante la primera de las tres partes que comprenden el relato), de esas que tanto estimulan a los norteamericanos, y quizás tenga razón, pero raramente se cuenta una historia como esta de este modo y donde todo conmueva y horrorice a partes iguales. Mel Gibson es capaz de rodar un conflicto bélico en toda su crudeza y belleza, consiguiendo que los personajes trasciendan la imagen y lleguen a importar al espectador. Porque uno asiste a la carnicería de la tercera parte hipnotizado, emocionado y aterrorizado porque sabe que en esta historia no existen los heroísmos patriotas de toda la vida que tiñen este tipo de filmes, sino la cruda realidad: que todos esos soldados solo son carnaza para alimentar las entrañas de la guerra e irán muriendo uno detrás de otro sin que ello signifique nada. Y entre todos ellos, un tipo que decidió que no quitaría ninguna vida y que estaría ahí para salvar al máximo de personas posibles.

Hasta el último hombre, pues, no es solo un relato sobre lo que verdaderamente significa ir a la guerra y morir en ella. Tampoco es solo un relato de un tipo que va a la guerra a salvar vidas, de un espíritu honrado más preocupado por el prójimo que por sí mismo. Hasta el último hombre es una historia sobre la integridad, sobre mantenerse fiel a unos principios le pese a quien le pese, tanto como para estar dispuesto a morir por ellos. A no convertirse en uno más porque la sociedad (en este caso el ejército) te presione. Lo universal de este relato es que podría aplicarse a todas las facetas de la vida donde lo que uno cree es puesto en tela de juicio, cuestionado e incluso obligado a ser rechazado.

A nivel técnico es espectacular, la fotografía es brillante y las secuencias bélicas, tal y como ya he contado, están rodadas con maestría, provocando un sentimiento de trascendencia difícil de encontrar en otras películas del género. La BSO acompaña muy bien todas las secuencias bélicas y los actores rayan el excelente, en especial Andrew Garfield y Hugo Weaving, que nos regalan dos papelones. En definitiva, una historia algo convencional, pero donde todas las circunstancias anteriores se alinean de manera que es capaz de conmover como pocas.

Nota: 9

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