Fences (2016): Crónica de una autodestrucción anunciada

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Fences – “Algunos construyen cercas para mantener alejada a la gente; otros, para mantener a la gente dentro”

Fences rescata ese cine donde no todo es explicitado para que el espectador salga de la sala de cine habiendo entendido hasta la última referencia de la trama; Fences es una película donde muchos de los detalles que atañen a los protagonistas no nos son mostrados de forma evidente, sino que uno tiene que estar atento a los diálogos para descubrir qué piensan dichos personajes, cuáles son sus ideas, cuál es su trasfondo. Son personajes que a veces dicen una cosa y piensan otra, o exageran algo para ocultar otra cosa; el espectador debe leer entre líneas si quiere conocer lo que realmente se está diciendo por encima del toma y daca dialéctico. Es teatro puro y duro, al menos la mayor parte del tiempo, porque el error de Fences es querer abandonar dicho registro a la hora y media de metraje transformándose en una película donde los diálogos ya no son lo más importante, donde empiezan a ocurrir cosas cuando antes solo era el fluir del día a día. Cuando el guion decide abandonar las conversaciones como motor de la acción, cuando decide sacrificar el ritmo pausado y lento de los personajes conversando, y recurre a estrategias más típicas del cine, acelerando el ritmo, haciendo que ocurran gran cantidad de cosas en poco tiempo, sin dejarlas translucir a través de los diálogos tal y como había hecho durante la primera mitad, es ahí donde la propuesta se desmorona. No porque lo que se nos cuente a partir de ahora (el tema de la amante, la hija) no sea interesante ni sirva para conocer otra faceta de Troy, sino porque deja de ser una película insinuada, contemplativa, y se transforma en una película evidente. En este sentido, Manchester frente al mar o Boyhood, dos películas que apostaban por el ritmo lento y pausado como medio para contarnos historias corrientes, son superiores porque precisamente mantienen el mismo tono durante todo su metraje.

Sin embargo, Fences es una magnífica película sobre un padre que cuida de su familia porque debe hacerlo, no por amor. Es desgarrador el momento en el que todo esto se desvela; Troy no es feliz con la vida que lleva. Solo la lleva porque no quiere volver a fracasar. Que los demás puedan llegar a disfrutar de la vida cuando él no lo hace es algo que le irrita profundamente y es algo que acabará dinamitando todos los cimientos de la familia que tanto desea preservar. Es una persona condenada a autodestruirse, porque es un egoísta que solo piensa en él, que cree que todo depende de él y que los demás deben orbitar alrededor suyo, sin acabar de entender que una familia consiste en renunciar a muchas cosas, por mucho que duela.

A Fences hay que sumarle unas actuaciones de sobresaliente, no solo de un Denzel Washington de matrícula y una Viola Davis de sobresaliente, sino un elenco de secundarios que dota de mayor entidad todo lo que vemos. Sin ellos está claro que Fences no sería lo que es.

Nota: 7

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