Ergo Proxy (2006): No te preocupes, que ya se me ocurrirá algo…

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Ergo Proxy

…le dijo el guionista al director mientras iban por la mitad de la serie.

Sabes qué, que me da igual. No he entendido nada. Pero no solo esto: no quiero molestarme en hacerlo. Hay series complejas, que son verdaderos puzles, como Evangelion o Twin Peaks, pero uno tiene la sensación que las piezas están ahí, que solo hace falta darle al coco para juntarlas. Que son historias increíblemente bien calculadas, donde todo obedece a un sentido. Además, hacen gala de atributos accesorios que las hacen muy interesantes: personajes interesantes y bien perfilados, tramas que te mantienen pegado a la butaca y, muy importante, uno no tiene la sensación de estar perdiendo el tiempo. En Ergo Proxy esto no ocurre. Porque uno sabe que ha estado viendo paja, delante de un guion que hacía aguas y que era improvisado a medida que la serie avanzaba; un guion que no sabía a donde quería ir y que hacía ver que lo sabía. Ante las revelaciones finales, uno comprende que todos los pasos iniciales se revelaban fútiles, puro relleno y voluntad de dar vueltas y vueltas a un puñado de ideas básicas, en busca de cómo finiquitar lo que no se sabía cómo. El resultado es, pues, decepcionante.

La serie, como he dicho, va dando tumbos continuamente sin que el guionista encuentre el rumbo. Tenemos un puñado de capítulos iniciales que intentan emular a Blade Runner, con a Re-l Meyer investigando por aquí y por allá, tardando tres o cuatro capítulos en conseguir lo que podría haber hecho en uno. Luego la serie copia el esquema de películas como Soldier, con ese grupo de resistentes en el vertedero fuera de Romdou, para luego convertirse en una road movie postapocalíptica hasta prácticamente el final. Durante ese viaje habrá un puñado de capítulos recurrentes con el único objetivo de darle vueltas a la doble naturaleza de Vincent (el capítulo onírico de la biblioteca, el surrealista de la ciudad con el lago, el del encuentro con el Proxy sacado de El conde de Montecristo), que solo hacen que darle vueltas a la misma idea: que Vincent es un proxy. Revelación que ya se le había hecho al espectador en el capítulo 2-3; es absurdo ver a los personajes divagando durante más de la mitad de la serie sobre algo que el espectador ya tiene claro y cristalino desde el inicio de la misma. Y luego están los capítulos donde le dan demasiadas vueltas al tema de los robots y la posibilidad de que puedan experimentar emociones. Es el viejo tema recurrente que podemos ver en la reciente Westworld: que si los humanos somos peores que los robots, que qué diferencia hay entre un robot y un humano si el primero también siente emociones, etc.; un debate carente de originalidad y con una visión excesivamente simplista que haría temblar a Asimov.

Y entre pitos y flautas, tienes una serie deslavazada, que picotea en muchas cosas pero sin ahondar en ninguna, o picoteando demasiado en lo mismo y sin darle espacio a otras historias que hubiesen dado mucho más juego, como los detalles que se revelan en el capítulo del concurso televisivo o en el del parque de atracciones; capítulos mucho más arriesgados en su concepción y que generan mucho interés por lo que se cuenta y por lo que no. Esa idea de una humanidad pretérita que se embarcó a explorar otros planetas para huir de la hecatombe pero que había dejado a los proxys en la Tierra para que estos la volvieran a poblar es interesantísima y, finalmente, desaprovechada.

Los personajes en Ergo Proxy también pecan de lo mismo que peca el guion: son profundamente irregulares. Tenemos a los típicos personajes que están ahí de relleno, que son falsamente misteriosos y digo falsamente porque se limitan a cambiar de personalidad a cada giro de guion; tenemos a Raoul y a Daedalus como ejemplo de ello: a veces son muy educados y se comportan con dulzura; a ratos parecen locos sacados del manicomio y se limitan a actuar de forma estúpida e improvisada; a ratos parecen el típico antagonista al que se le ha ido la olla, para segundos más tarde revelarse como tipos fríos y calculadores. Buen ejemplo de lo que comentaba más arriba: el guionista no tenía ni idea de qué quería contar ni cómo hacerlo. Luego tenemos a los protagonistas, unidimensionales y constantemente definidos en base a las mismas situaciones; solamente destacaría a Pino como el personaje más interesante (y entrañable) y que da más juego con sus diálogos o formas de actuar.

La animación es notable, aunque no hay muchas escenas donde ponerla a prueba. La ambientación es muy plúmbea, excesivamente lúgubre. La BSO es muy buena, aunque hay temas que se escuchan un par de veces y luego caen en el olvido.

En definitiva, Ergo Proxy es una serie insuficiente en muchos de sus aspectos. Pese a que tiene capítulos interesantes, estos son casos aislados; la sensación de tedio, de no estar viendo nada que vaya a ningún lado es creciente a medida que transcurre la misma. Un guion menos caótico, menos improvisado, mejor trasladado a la pantalla y más coherente hubiese convertido Ergo Proxy en algo mucho más interesante de lo que acaba siendo.

Nota: 4

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