El renacido (The Revenant) (2015): Preciosa, bien actuada, pero hueca

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La de horas que me estuve yo luego buscando esos paisajes para ponerlos de fondo de pantalla

El renacido (The Revenant) es una película visualmente superlativa, interpretada de forma excelente y emocionalmente hueca. La fotografía es excelente, de Oscar automático, y la ambientación está muy conseguida. De hecho, no recuerdo haber visto ningún espectáculo visual tan bello como este con anterioridad. Además, Leonardo DiCaprio y Tom Hardy bordan sus papeles y lo dan todo para que nos metamos en sus pieles. Se comen la pantalla. DiCaprio, concretamente, da algo más que una actuación de sobresaliente: se transforma en Glass, le sale de las entrañas, completamente integrado en su personaje. Otro Oscar automático.

Y ya está, aquí acabaría mi entrega de Oscars. Quizás a Iñárritu por la increíble labor tras las cámaras. Quizás nominaría la BSO, pero en este caso acabaría entregándole el Oscar a Sicario. El renacido es una historia de supervivencia, sobre el ser humano haciendo frente a los peligros humanos y de la naturaleza y, sobretodo, es una historia de venganza. Una historia de alguien a quien se lo han arrebatado todo y ya no tiene nada que perder. La película empieza muy bien, aunque va perdiendo fuelle progresivamente, hasta un final intenso. Pese a ello, uno nunca se aburre contemplando a DiCaprio y esos paisajes tan bellos y desolados. Es muy sencilla y no hay muchas dobleces que valgan aquí. De hecho todo el mundo alaba su supuesta profundidad, pero yo no he palpado ese renacimiento, ni he visto ese punto de inflexión que le cambia por completo; solo he visto a un tipo sobreviviendo y luego vengándose. Punto. Pero este sigue sin ser el fallo de la película, lo que la hace perder enteros a ojos vista.

El error de la película es que no consigue transmitir nada. Iñárritu consigue embellecer hasta el extremo una historia de venganza de las de siempre, pero se le olvida que el espectador debe sentir algo por lo que le ocurre a Glass. El espectador debería odiar a Hardy, debería llorar con la muerte del hijo de DiCaprio, debería sufrir con DiCaprio durante su periplo. Debería encogérsele el alma cuando contemplase un poblado indio exterminado o mientras contemplase la naturaleza más indómita. Pero no es así. El espectador lo contempla todo desde la distancia, ve un cuadro precioso, pero no le llega. Iñárritu renuncia a hacer uso de la BSO cuando debería usarla para ensalzar algunos momentos; no es ningún pecado usar la música para emocionar. El final es intenso precisamente porque es cuando la BSO se desata. En cambio, durante otros momentos que deberían ser épicos o sentimentales, opta por el silencio, por la distancia, por la frialdad. Solo en dos ocasiones he sentido algo, pero en una película de dos horas y cuarenta minutos eso es muy escaso. Hay escenas tensas, como la que abre la película, el ataque del oso, la muerte del sioux o el duelo final, pero son oasis en un mar de frialdad. Contemplamos lo que ocurre, pero distanciados.

Con El renacido Iñárritu se pierde, pues, en el artificio y la ambientación, en embellecer, y se olvida de que la historia también debe llegarle al espectador.

Nota: 7

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