El recuerdo de Marnie (2014): El peso de la culpa

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Animaos y haced doble sesión de Marnie y Kaguya

Ya puedo yo ir criticando y echando pestes de las distribuidoras de anime en España, que si nos han tomado por tontos, que por qué no se lanzan a publicar más material aquí en España, qué hacen que no reeditan obras magistrales de la animación que hace tiempo que están descatalogadas, qué hacen que no estrenan películas como La colina de las amapolas, película del estudio Ghibli que parece que se quedó en un limbo; que si es vergonzoso que estrenen dos pelis de Ghibli en el mismo día pudiendo eclipsarse mutuamente, etc. Ya puedo ir diciendo si luego vas al cine a ver El recuerdo de Marnie y, el día del estreno, solo hay cuatro personas en toda la sala contándote a ti y a tu hermano. ¿Y dónde coño se han metido los 137 mil visitantes del pasado Salón del Manga de Barcelona? Seguro que viéndola por otros medios que no contribuyen en nada a que estas distribuidoras se arriesguen a pasar más anime por la gran pantalla y que no acaben desapareciendo estas tímidas apuestas por un cine de animación que le da mil vueltas a productos patrios y americanos con mucho más bombo y platillo. En fin.

¿La película? Pues El recuerdo de Marnie es una de esas pequeñas perlas del estudio, una de esas películas menores que, sin embargo, todo buen fan de la animación japonesa no debería dejar pasar. El recuerdo de Marnie es una sencilla y conmovedora historia sobre el peso de la culpa, del perdón y la redención, de no esperar hasta que sea demasiado tarde para perdonar y aceptar los errores propios y ajenos, a darle cancha a los demás, a los que exigimos una perfección que nunca ponemos en práctica con nosotros mismos, a vencer el resentimiento y el rencor que solo hace que resentirnos aún más. Yonebayashi saber tocar muy bien las teclas para emocionar al espectador, medir bien los tiempos y con unos cuantos giros de guion nada forzados hacer que todo encaje perfectamente y darle sentido a todo lo que se había visto.

Sin embargo, no está a la altura de otras producciones de Ghibli, como Se levanta el viento o La princesa Mononoke, por citar dos de mis favoritas del estudio (es que estas dos ponen el listón muy alto), pero eso no quita que estemos ante una de esas obras sencillas pero conmovedoras que los más adolescentes deberían ver casi sin opción a rechistar. Quizás los secundarios sean demasiado secundarios, tal y como ya ocurría en Arrietty y el mundo de los diminutos, o que el guion sea demasiado similar al de Una carta para Momo, que salvando algunas diferencias, son bastante parecidas, tanto en el fondo como en el tratamiento costumbrista de la historia. Aunque eso es lo de menos. Como ya he dicho, no es perfecta, pero es de esas que consiguen llegar bien adentro y remover algo, incluso derramar en alguna ocasión una lágrima, que no es poco.

Nota: 7

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