El lado bueno de las cosas (2012): Préstale atención a las señales

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Buenísimo el momento Hemingway. De las mejores reseñas que he oído

Yo es que soy un fan declarado de David O. Russell. Bueno, del Russell de un tiempo a esta parte, porque de lo de antes de Tres Reyes no he visto nada. La mencionada Tres reyes no estaba nada mal, Extrañas coincidencias no la he visto, The fighter me encantó y La gran estafa americana es notable. Tiene un estilo que me gusta; es posible que siempre recurra al mismo esquema, pero es algo que me encanta. Y El lado bueno de las cosas es su mejor película.

Es muy posible que venga a mi blog un bipolar y me diga que todo lo que he visto en El lado bueno de las cosas no ocurriría en la vida real. Que las pastillas que enumeran no son las que usaría un bipolar o que tal y que cual comportamiento es exagerado hasta la falsedad. Es posible, también, que venga una viuda y me diga que es imposible que el duelo se supere así o con un margen de tiempo tan mínimo. No tengo ni idea, porque no me encuentro en ninguna de las dos situaciones, pero lo que he visto me lo he creído. Me he creído a Cooper y a Lawrence, me he creído sus personajes, me he creído la evolución que experimentan, me he creído que el final fuese feliz aunque chocase con un desarrollo tan realista y alejado del esquema habitual y he visto meridianamente de dónde vienen los personajes, en especial Cooper, que no es otra cosa que un retrato de su padre. He visto una relación padre e hijo muy creíble, más emotiva incluso que la relación entre los enamorados, que es muy potente también, pero indudablemente esto va también de una relación padre-hijo que se ha ido deteriorando con el tiempo y que también necesitaba sanar. Me he emocionado como pocas veces suele ocurrir y me he reído de lo lindo con las idas de olla de Cooper, con sus cambios de humor, con la cena “romántica”, y con las escenas cómicas del personaje de Tucker, que ayudaban a aligerar la tensión cuando esta se presentaba.

Los diálogos, como viene siendo habitual en las películas de Russell, rayan lo excelente; los personajes son entre miserables y felices, viven en familias disfuncionales realmente bien plasmadas y las situaciones de catarsis emocional, marca de la casa, están muy bien llevadas. A veces tengo la impresión que en la mayoría de películas los personajes pecan de contenidos, como si fuera extraño que uno se salga de sus casillas y exprese sus sentimientos entre gritos y gesticulaciones y expulse todo lo que le ronda la cabeza. En las películas de Russell esto sí ocurre; los personajes son intensos y tremendamente emocionales, tal y como ya vimos en The fighter y en La gran estafa americana, y eso solo hace que añadir un plus de credibilidad a lo que uno está viendo. Pero claro, si uno no tiene a actores de la talla de Cooper y Lawrence a su lado, esto no sería posible. Dos actores en estado de gracia que aquí bordan sus respectivos papeles, apoyados en todo momento por un buen reparto donde destaca un Robert de Niro en todo su esplendor.

Vamos, que me lo he creído todo; El lado bueno de las cosas es de lo mejorcito de un año, 2012, con algunas películas notables pero sin ningún gran alarde cinematográfico (a excepción de la presente). Y Russell queda confirmado como uno de los directores más interesantes que tenemos en plantilla.

Nota: 9

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