Divergente (2014) y Insurgente (2015): Los divergentes son gente muy diver (toma ya qué ingenioso soy. ¿En qué casta me meterían entonces?)

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Este no es el culo que yo intuí en “Aquí y ahora”…

Tris (Shailene Woodley en uno de sus peores papeles) es una superinadaptada, una divergente, una cosa muy underground. Cuatro (supermodelo de colonias Theo James) es un tío muy chulo, que parece que lo han sacado de un boys; un tío capaz de tatuarse en la espalda lo que podría interpretarse como una genuina declaración pro-divergentes, pero que ni él ni los que babean cada vez que se quita la camiseta parecen darse cuenta. Los dos y sus coleguis de la facción son muy rebels, corriendo por ahí como locos, subiéndose a los trenes en marcha a pelo y meando en váteres unisex sin tabiques de separación, todo muy típico de osados. Luego están los eruditos, con caras de serios y haciendo cosas de listos todo el rato; los hippies de cordialidad que parece que viven en los mundos de yuppi; los tontos del culo de los abnegados, donde van los borderlines; y luego están los de verdad, asquerosamente honrados e incorruptibles. Y yo me pregunto: ¿quién se encargará de levantar esos rascacielos? Cuando hay un incendio, ¿quién lo apaga? Y las calles, ¿quién las asfalta? ¿No hubiese sido más práctico, ya puestos en dividir a la población en castas absurdas, en hacer una casta de obreros o una de médicos? Y luego están los malos. ¿Por qué coño la mala (Kate Winslet) se toma tantas molestias para montar su dictadura? ¿Quién va a oponérsele? ¿Los hippies? ¿Los de la Cruz Roja? ¿Los de las leyes? ¿Los que se suben a un tren sin mirar?

Hacía tiempo que no me encontraba con un mundo tan pobre y tan poco coherente consigo mismo, tan chapucero e incongruente, donde la idea que tiene Veronica Roth de distopía es poner trenes que nunca se detienen. Cuando te pones a crear un mundo de ciencia-ficción todo tiene que encajar según las reglas que te has marcado al principio y estas tienen que concordar con todo lo que vas a escribir y el mundo que te has creado, tan coherente como si estuviera ambientada en el mundo real. Pues en Divergente y Insurgente hay más agujeros que un colador y uno no acaba de creerse que todo ese sistema de castas se sostenga por ningún lado, ni porqué nadie se rebela y se larga de esa ciudad ni nada por el estilo.

Hay tantas chorradas y detallitos que no podría parar. Ahí van algunos:

  • ¿Por qué la encargada de hacer el test para meterte en una facción es la misma que sirve las copas en el bar de los osados y, en sus ratos libres, es tatuadora y, esto es de traca, rebelde cuando nadie mira?
  • ¿Por qué la gente solo puede ser una cosa y ya está? Ya sé que los jóvenes cada vez suben más superficiales… ¡pero ni que las personas fuéramos tan unidimensionales!
  • El detector de divergentes… ¿cómo es que no existe de siempre si siempre han estado luchando contra ellos? Si a los divergentes se les envía al matadero nada más detectarlos en la prueba esa de aptitud, ¿cómo es que en la segunda película hay tantos? ¿Será la tatuadora que los deja ir? Entonces, ¿los malos no se dan cuenta de que algo no funciona? ¿Y el rollo que se monta la mala para abrir el artefacto del que ya no me acuerdo y acaba siendo una chorrada como una catedral?

Y luego la gente va y ni se molestan en ver, o castigan injustamente, El juego de Ender, una película muy entretenida e inteligente y que sí es ciencia-ficción bien construida y sin fisuras. Supongo que hay mucha quinceañera divergente (y no tan quinceañera) suelta por ahí.

Nota: 2 y 2 (leeros esta crítica de Giskdan en FA, que es para mearse)

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