El discurso del rey (2010): Ni hecha a medida

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El discurso del rey – King’s Speech

Hay películas ganadoras del Oscar que te sorprenden genuinamente y las hay que parecen que han sido diseñadas para satisfacer a la Academia minuto por minuto. Y El discurso del rey es de las últimas; podrías meter en el mismo saco a Argo, Una mente maravillosa o Spotlight.

Esto es así porque El discurso del rey es ese tipo de películas que tienen un poco de todo, para satisfacer a todo el mundo y no dejarse a nadie por el camino. Están muy bien condimentadas: un poquito de escándalo pero no mucho no vaya a ser que los monárquicos enloquezcan; un poquito de matrimonio y escenas familiares para los más hogareños pero sin caer en el melodrama y alejarnos de lo que verdaderamente importa; un poquito de drama padre-hijo de ese con el que se identificará mucha gente; grandes cantidades de superación personal de esa que tanto gusta (“oye, si este tío tuvo que enfrentarse a esto, cómo no voy a poder enfrentarme yo a X?”); y grandes cantidades de Colin Firth, que está no para que le den un Oscar, sino dos.

Porque lo mejor de El discurso del rey es la relación que mantienen Firth y Rush, todo lo que rodea la terapia y cada una de las conversaciones que mantienen los dos (que, afortunadamente, ocupan el 70% de la película). El resto está por estar, para rellenar los momentos muertos y no saturarnos demasiado con las clases de dicción o de terapia. Ni la relación con el hermano y el padre está bien trabajada, ni su mujer, tal y como nos la presentan, pinta nada en la historia. Tampoco se detiene lo suficiente en los pasajes de política como para llegar a interesarnos lo más mínimo. Y volveré a decirlo, por si no ha quedado claro: COLIN FIRTH se lleva la palma (obligatoria la VOSE). Es, quizás, la actuación de aquel año y uno de esos Oscars que bien merecen la pena ser entregados.

Nota: 7

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