Venganza 2 (2012): El tío de la flauta

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Neeson, dadle una pistola y moverá el mundo

“Venganza” (2008), la primera película de una saga que no merecía ser saga, no dejaba de ser un entretenimiento muy pasajero, aunque por lo visto entre el público tuvo una acogida que nunca llegué a entender. Quizás, y solo quizás, lo que la hacía interesante era que el personaje interpretado por Neeson debía reconstruir el secuestro de su hija con solo unas pocas pistas proporcionadas por la misma tan solo unos segundos antes de ser secuestrada. Poco a poco se iba diluyendo en los convencionalismos del género, para acabar siendo una copia no disimulada de una película de acción del montón. Pues bien: tuvo tanta acogida que decidieron que debían explotar ¿la gallina de los huevos de oro? y sacarle jugo a tan ¿interesante premisa?; “Venganza 2: Conexión Estambul” (2012) no es más que un calco de la primera, pero esta vez Bryan Mills (Liam Neeson) es el secuestrado y su hija (Maggie Grace) la que tiene que ayudarlo a salir del entuerto. Me parece justo, viendo lo que hizo el padre en la primera. Hubiese estado feo que se hubiese hecho la loca o lo hubiese dejado todo en manos de la policía local.

Yendo al grano, hay películas que con un par de ejemplos significativos ya se retratan cómo lo que son. “Venganza 2: Conexión Estambul” es ese tipo de películas que, incluso, no merecerían ni siquiera un par de frases. Pero para que os hagáis una idea de cómo es “Venganza 2”, os contaré un detalle que me pareció muy ilustrativo:

Tiene que ver con el pobre hombre ese que está tocando un instrumento exótico en una callejuela de Estambul. Cuando a Mills lo secuestran, este procura acordarse de todos los detalles que puede para que así, en caso de que tenga que deshacer el camino para cepillarse a toda la banda de mafiosos, no vaya a perderse por todo el intrincado laberinto turco que es esa ciudad. Pues uno de esos detalles es el susodicho anciano tocando la ¿flauta? Pues bien, como habéis podido intuir, cuando Mills se cepilla a todos sus captores y empieza a deshacer el camino para cascarse al pobre diablo que se ha atrevido a hacerle eso, adivinad quién está ahí en su callejuela tocando la flauta para que Mills, cuál GPS, sepa que va por el buen camino: el anciano, claro. Da igual que lo secuestraran por la mañana y deshaga el camino bien caído el atardecer, que el pobre anciano estará ahí todo el santo día dándole a la flauta para que él no se confunda de calle. Eso es vivir para y por el arte y lo demás son tonterías.

Y con esto creo que ya os lo digo todo. Ya os podéis imaginar cómo es la película. Malos clase mucho ruido y pocas nueces, de los que te dicen que te van a matar pero luego se dedican a perder el tiempo soltándote la charla (¡coño, mientras hablas ves torturando!), de esos que se rodean de paletos que no saben ni quitarle el seguro a la pistola. Tenemos a la típica hija que no sabe hacer la O con un canuto y que luego se las arregla para dar una lección de conducción agresiva que ni Vin Diesel en “A todo gas”. Y eso sin contar el pseudodilema moral relacionado con la venganza del malo, que no podría ser más simplista y vacuo. Vamos, que se han esforzado lo mismo que cuando uno va a defecar. Y con el mismo resultado.

Nota: 3 (porque Neeson es Neeson)

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