Brooklyn (2015): Nostalgia

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¿Es que Gleeson sale en todas las películas o qué?

Los hay que comparan Brooklyn con El sueño de Ellis, pero se parecen como un huevo a una castaña. Ambas se sitúan en los años 50, en la época en que muchos europeos emigraban a Estados Unidos en busca de un trabajo y un futuro próspero. En El sueño de Ellis nos dábamos de bruces con el lado más oscuro y cruel de tal empresa: el de las chicas que fueron explotadas en burdeles de los bajos fondos de Nueva York al caer en las redes de proxenetas y similares. Brooklyn, en cambio, se centra en lo que significa empezar una nueva vida en un lugar extraño y distinto, en tener que irte a vivir a otra parte porque el sitio en el que vives no te llena. Eilis Lacey (Saoirse Ronan) se encuentra en ese impase de tener que dejar una etapa de su vida y empezar otra nueva, llena de interrogantes y miedos. Al principio todo es difícil, te preguntas una y otra vez por qué coño dejaste atrás esa vida que tampoco estaba tan mal y los recuerdos empiezan a endulzarse y te olvidas que las cosas tampoco eran perfectas. Dejar atrás a la familia y a los amigos es doloroso, como siempre que se abre una nueva etapa en nuestras vidas. Pero el paso del tiempo lo cura todo y pronto Eilis tiene que escoger entre el hogar y la familia y un nuevo lugar lleno de posibilidades nuevas, y vemos cómo la nostalgia puede convertirse en una trampa que puede hacer que no vivamos esas experiencias que podrían cambiar nuestra vida. A veces lo más sencillo es vivir la vida que los otros quieren que vivamos; es innegable que nuestros padres querrían tenernos siempre a su lado, y es normal que lo quieran, pero tarde o temprano uno tiene que forjar su vida (en otro país o en la ciudad de al lado) y la última palabra siempre la tienes tú.

Es cierto que Brooklyn no es perfecta. Es muy lineal y previsible; durante todo el metraje tenemos la sensación de haber visto esto antes, y hay ciertas decisiones argumentales que son algo forzadas y que uno intuye que están ahí solo para reforzar el mensaje (qué casualidad, vuelve y le llueven trabajos por todos lados y encuentra el chico apuesto y perfecto que no existía antes de que se fuese), pero está bien contada y el mensaje, que es lo más importante, está muy definido y pulido. Ronan está muy bien y Cohen y Gleeson, otro tanto. Es una película contenida, sobria, pero intensa y emotiva cuando se tercia. Quizás ayude que yo me sentí igual que la protagonista en cierto momento de mi vida, me vi en un lugar extraño y la nostalgia me carcomió, porque es muy fácil llenarse la boca diciendo que te irás, que abandonarás el lugar dónde naciste y te criaste y a tu familia, pero una vez estás lejos de casa las cosas no son tan idílicas. Mi caso fue muy distinto al de Eilis, porque sucumbí y volví al poco de irme. Y ya no me volví a ir.

Nota: 6

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