Amy (La chica detrás del nombre) (2015): Parece que no has hurgado mucho detrás del nombre

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Nadie habla de ello, pero este es el Oscar más injusto de todos los repartidos este año

Cuando te cuentan que vas a ver un documental de Amy Winehouse, ¿qué esperas? ¿Que os cuenten lo mismo de siempre o aquello que no sabíais? Supongo que lo segundo. ¿Que se centre casi exclusivamente en la polémica que la rodeó o que, por el contrario, también veamos su faceta como cantante y compositora? Supongo que lo segundo también. Pues muy bien: en Amy (La chica detrás del nombre) no vais a encontrar nada nuevo bajo el sol. Una de las cosas que hacen enorme la infravalorada y casi ninguneada Love & Mercy, el biopic de Brian Wilson, cantante y compositor de los Beach Boys, es que te están contando una historia de la que no tenías ni idea. Yo de los Beach Boys solo conocía sus canciones más famosas; Love & Mercy me mostró la cara oculta de una persona brillante pero desgastada por su enfermedad mental, cómo se gestaron algunos de los greatest hits, cómo era el fluir creativo de Wilson, pero también cómo fue su vida en el terreno más personal. Música y vida privada entrelazadas en un perfecto equilibrio.

En cambio, ¿qué encontramos en Amy? Simple y llanamente todo aquello que ya vimos en los noticiarios y la prensa amarilla del momento. De hecho, hay un reportaje de la BBC que ya retrata lo que Asif Kapadia cuenta aquí. Kapadia se limita a centrar el foco de su atención en la turbia relación que mantuvo Amy con su novio Blake y con el desalmado de su padre, y en las drogas y las bebidas y los excesos que la caracterizaron. En lo sola que estuvo y en lo mal que llevó la fama. Lo más lejos que llega Kapadia en su retrato es contarnos que Amy era una persona débil que necesitaba que la cuidaran y la trataran bien, pero que solo dio con buitres que la querían por su dinero y su fama. Vale, eso ya lo sabía. No me descubres nada ni me dibujas a Amy en su totalidad. Amy era cantante de jazz y yo poca música veo durante las casi dos horas que dura. No veo mucho de Amy cantando en la intimidad, ni cómo eran las sesiones de grabación de sus discos ni como compone y arma sus grandes éxitos. No veo que hablen mucho de música, de sus influencias, de sus gustos musicales, ni veo entendidos en la materia dando su opinión, qué se yo, de sus letras o de la mezcla de géneros en la que se encuadraba su estilo tan personal. No veo nada de los entresijos de la industria discográfica ni de cómo se manejaba Amy y sus mánagers en este sentido. Hay muy poco de la Amy cantante y compositora y son como pequeñas píldoras repartidas durante todo el metraje y, casi todas, concentradas durante la primera parte. Kapadia, para compensar, pone fragmentos de sus canciones de vez en cuando, pero eso no es mostrar el lado musical de la cantante. Ni mucho menos.

Vamos, que se han dedicado a ensalzar este documental porque va de Amy Winehouse y vuelve a centrar su atención otra vez en lo meramente sensacionalista, quedándose otra vez en la superficie, y con la misma hondura que un telediario de sobremesa. Me hago cruces aún de cómo esto ha pasado por encima de La mirada del silencio (la mejor producción, ya no dentro de la categoría de mejor documental, sino de todos los Oscars 2016).

Nota: 4 (y ya de paso, dadle una oportunidad a Love & Mercy)

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