A ciegas (2008): Ouroboros

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Vale, reconozco que lo de la fila india fue un acierto de Meirelles. Pero ya está.

Muchos amigos me dicen que soy pesimista y que siempre espero lo peor. Yo luego les contesto con una de las respuestas más manoseadas de la historia, que no soy pesimista, que soy realista, y luego les empiezo a citar episodios negros de la historia de la humanidad, como demostrándoles que se equivocan siendo tan felices y crédulos con la condición humana. Les digo que la naturaleza del ser humano está podrida, que deberían leer/ver La carretera de Cormac McCarthy para saber de qué estoy hablando, para que empiecen a reflexionar. Últimamente añado Ensayo sobre la ceguera de José Saramago en esa suerte de lista negra de la humanidad. Aunque, ésta, dé un enfoque algo distinto al que ofrecía McCarthy.

Esperad. ¿Por qué no he empezado citando la adaptación para la gran pantalla que hizo Fernando Meirelles allá por 2008 y que parece que va a ser el objeto de esta crítica? ¿Por qué no la he nombrado hasta ahora? Porque, por desgracia, no tiene apenas nada de lo que debería tener y, si lo tiene, es en pequeñas dosis. Para hablar, pues, de lo que no tiene y que debería tener y de una serie de temas que todos deberíamos plantearnos, tengo que, irremediablemente, centrarme en la obra del portugués.

En A ciegas, pues, no hay una reflexión de cómo las sociedades se comportan ni de cómo la esencia del ser humano es capaz de resurgir una y otra vez de sus cenizas. No habla de cómo las sociedades tienen ciertos rasgos que se mantienen inalterables con el paso del tiempo y las circunstancias, de cómo el modelo opresor-oprimido está grabado a fuego en los genes de la raza humana, ni que el ser humano, para lo bueno y para lo malo, es intrínsecamente el mismo, se encuentre en las condiciones que se encuentre. Que tú, querido lector, serías capaz de lo mejor y de lo peor, pero que acabarías subordinado a las mismas leyes que regían el mundo antes de la hecatombe. Que quizás cambiarías tu rol, que en lugar de ser preso, serías carcelero, o que en lugar de ser un estúpido acabarías siendo un tipo generoso y humilde, pero que acabarías jugando al mismo juego que la humanidad ha estado jugando desde que es humanidad.

Hay un sentido de inevitable fatalidad en el relato de Saramago, como si la humanidad estuviera condenada a reescribir la misma historia siempre, como si no hubiera posibilidad de mejora, anquilosada en sus mismos roles. Habrá bondad, habrá maldad, habrá cosas buenas y cosas malas, habrá injusticia y habrá grandes avances para la humanidad, las formas de percibir todo esto variarán, pero el sustrato subyacente siempre será el mismo. Que el ser humano sea capaz de ver o no con los ojos, eso solo son detalles sin importancia para el transcurso de la historia. Como la serpiente que se muerde la cola.

Presupongo que Meirelles con A ciegas recortó en crudeza y en miseria para rebajar el rating de edad y que pudiera entrar cualquiera en la sala de cine, confiando que no todo el mundo habría leído la obra del portugués, que funcionaría por sí sola, ignorando al lector de la obra, que acabará por descubrir que el cineasta brasileño ha rodado una carcasa sin nada dentro. El problema, pues, es que se queda en la superficie, centrándose en aquellos episodios más llamativos de la obra, pero sin contarnos cómo se llega a ellos, hecho que contribuiría a que nos creyéramos la degeneración a la que son sometidos los internos del manicomio, y sin detenerse en los detalles ni en el desarrollo de personajes, casi quirúrgico, que hacía Saramago en su relato, y que permitía tantas y tan variadas lecturas. La escalada de tensión no es progresiva, sino a trompicones, desganada, como el desarrollo de la historia.

A diferencia de la obra postapocalíptica de McCarthy, pecaría de reduccionista si metiera Ensayo sobre la ceguera en el mismo saco. De hecho, creo que hago mal englobándola ahí. Porque la obra de Saramago habla de lo bueno y lo malo de la naturaleza humana, no es ni optimista ni pesimista, es, simplemente una radiografía del comportamiento humano y de cómo se comportan las sociedades, se hallen en la situación en la que se hallen.

Nota: 4 (de id a leeros el libro y dejaros de tonterías)

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