2001: Una odisea del espacio (1968): El viaje de la especie humana

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Cualquiera diría que es de 1968…hay películas más nuevas con peores efectos visuales

Hablar de 2001: Una odisea del espacio a estas alturas de la misa quizás resulte redundante. Se ha escrito mucho sobre ella, tanto a favor como en contra, y hay críticas buenísimas sobre ella en Filmaffinity. La cuestión es que no puedo dejar escapar la ocasión de hablar de ella, aunque ya se haya dicho todo lo que tuviese que decirse de ella, porque bien lo merece una producción de este calibre y porque me apetece.

2001: Una odisea del espacio es una de esas películas trascendentales, especiales, de esas que van más allá de lo que el cine suele depararnos. Hay pocas piezas que consigan transgredir y ofrecer algo nuevo (y no me refiero solamente en la época en la que se hizo. Incluso ahora me parece que sigue siendo más revolucionaria que todo lo que se ofrece en cartelera). Más allá de estas apreciaciones poco útiles para el lector/a que busque una opinión más terrenal, diré lo siguiente: sí, es una película lenta y en ocasiones tediosa, y puede que caigáis en el sopor e incluso en un sueño profundo si lleváis unos días sin descansar lo suficiente por las noches. Pero más allá de eso, es una película magnífica que trata sobre la especie humana, en mayúsculas, y de su viaje desde sus orígenes hasta su final. El amanecer del hombre viene marcado por tres etapas: la aparición de su inteligencia superior y su habilidad para matarse entre sí; el desarrollo de esa inteligencia hasta su máximo apogeo (en forma de viaje espacial y la creación de una IA con emociones) y también el desarrollo de la habilidad para matarse entre sí; y el ocaso de la especie que ya lo ha conseguido todo, que ya ha llegado a su meta. Porque las revelaciones finales no son nada trascendentales: solo se nos deja entrever que del mismo modo que aparecimos, desapareceremos, que somos seres con limitaciones y que una vez lo hayamos dado todo, cuando hayamos llegado a nuestro límite como especie, nos extinguiremos del mismo modo que el astronauta en la habitación. Esa desazonadora y sencilla idea: que no hay un motivo especial para que existamos más allá del simple hecho de existir. Como he leído en una de las críticas que os he referenciado más arriba, lo que venga luego ya será cosa de otra especie.

Y siempre como telón de fondo los monolitos (marcando los momentos más impresionantes del film, y todo ello gracias a una BSO capaz de sobrecogerte como ninguna otra) y ese debate sobre si Dios existe o no, si hay una fuerza externa que guía nuestros pasos. Si más allá de nuestros límites como especie habrá algo más. Eso queda a la imaginación de cada uno, aunque está claro que para Kubrick sí lo hay.

Nota: 9

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